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Una conversación sorprendente

Una conversación sorprendente

Ningún hombre conoce lo malo que es
hasta que no ha tratado de esforzarse por ser bueno.
Sólo podrás conocer la fuerza de un viento
tratando de caminar contra él,
no dejándote llevar.

C. S. Lewis

Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

FUENTE: http://www.fluvium.org/textos/etica/eti681.htm


Un personaje norteamericano visitaba en cierta ocasión una ciudad al norte de su país y le llamó la atención un joven a quien veía todos los días tumbado en el césped. Entabló con él una conversación que fue más o menos así:

— ¿Tú no estudias?, ¿no tienes ocupación?

— ¿Como cuál? –dijo el chico, entreabriendo un ojo.

— Podrías estudiar.

— ¿Para qué?

— Para ingresar más adelante en la universidad.

— ¿Para qué?

— Para obtener un título y poder trabajar.

— ¿Para qué?

— Para poder ganar mucho dinero.

— ¿Para qué?

— Pues..., para que puedas adquirir una buena casa, y muchas cosas más –contestó aquel hombre, ya un poco perplejo.

— ¿Para qué?

— Para que en tu vejez disfrutes de lo que tienes y descanses.

— Pues eso es justo lo que estoy haciendo ahora: descansar.

A la gente joven no se le pueden hacer planteamientos como los que este personaje ofrecía a aquel chico. Con ideales de ese tipo es difícil dar sentido a la vida de nadie.

Y el caso es que a veces, con nuestros cortos ideales, podemos darles bastante motivo para pensar así. Y se une a que la etapa adolescente facilita un cierto aire desmitificador, como de persona que cree que ya lo ha visto y probado casi todo –y casi siempre con cierta decepción–, y no encuentran sentido a casi nada. Algo parecido a lo que queda caricaturizado en esta anécdota.

Pueden pasar por una fase en la que parece como si para ellos lo importante fuera sólo lo inmediato, y no se atreven a creer en nada más, porque tienen miedo a decepcionarse luego. Prefieren creer en poco y esperar en nada, porque así se sienten más seguros.

Cuando veamos que les sucede algo de esto, hay que procurar darles ánimos y respaldar su confianza en sí mismos. Decirles que es mejor soñar un poco aunque luego a veces uno se equivoque. Tener esperanza, aunque a veces se vea defraudada.

Apostar por algo en la vida, sin resignarse a que todo siga en la mediocridad.


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Rey de Reyes,
Señor de señores,
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