miércoles, 22 de julio de 2009

¡Consumid, malditos!



FUENTE: http://www.cristianismeijusticia.net/bloc/?p=1346&lang=es

José A. Zamora. El recientemente fallecido Luis de Sebastián nos recuerda en su último libro que vivimos en una gran paradoja: medio mundo se muere de hambre y el otro medio padece problemas de sobrepeso. En esa obra su crítica se centra en el funcionamiento de la agroindustria, pero quizás el sistema capitalista en su conjunto esté lleno de paradojas, como la de que infinidad de trabajadores vean peligrar no sólo su empleo, sino incluso el techo que les cobija por falta de financiación o por impago de préstamos, mientras que ejecutivos que han llevado a la ruina a entidades financieras que se reflotan con el dinero de todos, cobren primas o indemnizaciones de escándalo; en el que profesionales de los que depende nuestra salud o nuestro futuro ecológico miren con asombro los suelos astronómicos de unos supuestos artistas del balón pagados gracias a endeudamientos, estos sí galácticos, a despecho de la crisis; etc.

Podríamos seguir señalando paradojas hasta hastiarnos. La principal es que no se produce para asegurar la vida y el bienestar de las poblaciones, sino para obtener y multiplicar los beneficios, bajo el supuesto suficientemente desmentido de que asegurando lo segundo, se consigue los primero. Un dogma que parece inmune a la realidad y a la crítica. Y según ese dogma la “inversión” en Cristiano Ronaldo está más que justificada, pues dará beneficios al club, dicen. Sin embargo, las demandas de millones de empobrecidos del planeta no encuentra eco en los “inversores” ávidos de beneficios, no son rentables.

Es bien sabido que los beneficios dependen de la ventaja competitiva que concede el aumento de la productividad, aumento que se nivela por la misma competitividad. Cada vez es necesario producir más riqueza material por unidad de tiempo para obtener el mismo beneficio. De ahí la exigencia de hacer circular y consumir lo producido a una mayor velocidad para darle salida. La aceleración de la producción por medio del crecimiento de la productividad obliga a un incremento de la cantidad de producción, es decir, al “crecimiento económico”, si se quiere mantener el desempleo en niveles que no hagan peligrar el sistema. La maximización del beneficio como objetivo conduce a la autonomización de la producción por la producción, y necesariamente al consumo por el consumo. No sólo consumen las personas en cuanto individuos privados, pero si éstos no consumen, la maquinaria se para. No nos puede extrañar que uno de los mensajes de los sindicatos pro-sistema el último 1 de mayo haya sido un llamamiento a consumir, pues junto a la inversión pública es el consumo interno lo que puede ayudar a salir de la crisis. No son tiempos para contemplaciones ecológicas sobre las consecuencias del productivismo. El decrecimiento sigue siendo un tema para outsiders de la economía y de la política.

Bajo esas premisas el consumo de los “gordos”, por seguir con la imagen que utiliza Luis de Sebastián, es una prioridad del sistema. Es necesario restaurarlo, dinamizarlo, reforzarlo. Norbert Bolz distingue en su obra El manifiesto consumista tres estadios en la cultura del consumo. En el primero el cliente busca el producto. Lo que cuenta es la necesidad y su satisfacción. En el segundo el producto busca al cliente, domina pues la sobreabundancia y el estímulo del deseo. En el tercero el consumidor mismo se convierte en producto. Lo que importa es el sentido y la identidad. Para asegurar el consumo, el capitalismo ha terminando convirtiendo a los individuos en productos suyos. Hemos terminado siendo de tal modo lo que consumimos, que ya no somos capaces de ver y experimentar lo que se esconde detrás de ese consumo que excluye a la mayoría del planeta. Tampoco compras millonarias tan escandalosas como la de Cristiano Ronaldo despertarán nuestras conciencias. Pero si el poder económico ha sido capaz de convertir al ser humano en todas sus dimensiones en una mercancía, de determinar sus dimensiones sociales, identitarias y, finalmente, espirituales desde la lógica de la mercancía, estamos ante un poder con pretensiones absolutas, un poder totalitario.

jueves, 16 de julio de 2009

martes, 14 de julio de 2009

Los Catolicos y los llamados "Cristianos"

Los Catolicos y los llamados "Cristianos"

Fuente: fraynelson.com (correo por suscripción)

HOLA NELSON COMO ESTAS? TENGO OTRA PREGUNTA ¿CUAL ES LA DIFERENCIA ENTRE LOS CRISTIANOS Y LOS CATÓLICOS? - VALENTINA, TU AMIGA.

Lo de los cristianos y los católicos se vuelve un poco confuso pero la razón de la confusión es muy sencilla: resulta que los protestantes, que son cristianos pero no son católicos, han querido adueñarse de la palabra cristiano.

Originalmente, cristiano significa "de Cristo," es decir, el que cree en Cristo, el que es discípulo de Cristo. Por supuesto, los católicos somos cristianos pues nuestra fe está puesta en él, que murió por nosotros en la Cruz y resucitó para nuestra salvación. Pero recientemente los protestantes ya no se presentan a sí mismos como lo que son, es decir, como evangélicos, o pentecostales, o lo que sean, sino que dicen que se han vuelto "cristianos." Son ellos los que crean una falta alternativa como diciendo que uno tiene que ser o cristiano o católico, ¡con lo cual están diciendo que ser católico no es ser cristiano! Quieren apropiarse del título "cristiano" sólo para ellos. Crean así falsamente una mutua exclusión entre ser "cristiano" y ser "católico". Dicen, por ejemplo: "Yo era católico pero ahora soy cristiano". O le preguntan a uno: "¿Eres cristiano o católico?"

La verdad es que ser cristiano es aceptar TODA la enseñanza de Cristo y los protestantes NO aceptan toda la enseñanza de Cristo. Por ejemplo: Nuestro Señor Jesucristo dijo que en la Eucaristía estaban verdaderamente su Cuerpo y su Sangre, y esto no lo admiten los protestantes, que además ahora quieren que les llamemos a ellos "cristianos" y que pensemos que nosotros los católicos no lo somos!

En resumen: hay unos, no-católicos, cuyo nombre propio es "protestantes," que ahora quieren hacer una guerra de nombres y una confusión. Debemos ser respetuosos con ellos pero no dejarnos confundir por ellos.

Un abrazo, Dios te bendiga.

Fr. Nelson M.
amigos@fraynelson.com

martes, 7 de julio de 2009

Benedicto XVI - CARITAS IN VERITATE - La caridad en la verdad

CARITAS IN VERITATE, síntesis y descarga en PDF

Fuente: Vatican Information System
Autor: Benedicto XVI

Síntesis de la nueva encíclica de Benedicto XVI, "Caritas in veritate": La Caridad en la verdad, sobre el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad.

La Encíclica, publicada hoy, 7 de julio del 2009, consta de una introducción, seis capítulos y una conclusión y está fechada el 29 de junio de 2009, solemnidad de San Pedro y San Pablo.

"En la Introducción -explica la síntesis- el Papa recuerda que la caridad es "la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia". Por otra parte, dado el "riesgo de ser mal entendida o excluida de la ética vivida" advierte de que "un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales".

"El desarrollo (...) necesita esta verdad", escribe Benedicto XVI y analiza "dos criterios orientadores de la acción moral: la justicia y el bien común. (...) Todo cristiano está llamado a esta caridad, según su vocación y sus posibilidades de incidir en la polis. Èsta es la vía institucional del vivir social".

El primer capítulo está dedicado al "Mensaje de la "Populorum progressio" de Pablo VI que "reafirmó la importancia imprescindible del Evangelio para la construcción de la sociedad según libertad y justicia". "La fe cristiana -escribe Benedicto XVI- se ocupa del desarrollo no apoyándose en privilegios o posiciones de poder (...) sino solo en Cristo". El pontífice evidencia que "las causas del subdesarrollo no son principalmente de orden material". Están ante todo en la voluntad, el pensamiento y todavía más "en la falta de fraternidad entre los hombres y los pueblos".

"El desarrollo humano en nuestro tiempo" es el tema del segundo capítulo. "El objetivo exclusivo del beneficio, cuando es obtenido mal y sin el bien común como fin último -reitera el Papa- corre el riesgo de destruir riqueza y crear pobreza" Y enumera algunas distorsiones del desarrollo: una actividad financiera "en buena parte especulativa", los flujos migratorios "frecuentemente provocados y después no gestionados adecuadamente o la explotación sin reglas de los recursos de la tierra". Frente a esos problemas ligados entre sí, el Papa invoca "una nueva síntesis humanista", constatando después que "el cuadro del desarrollo se despliega en múltiples ámbitos: (...) crece la riqueza mundial en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades (...) y nacen nuevas pobrezas".

"En el plano cultural -prosigue- (...) las posibilidades de interacción" han dado lugar a "nuevas perspectivas de diálogo", (...) pero hay un doble riesgo". En primer lugar "un eclecticismo cultural" donde las culturas se consideran "sustancialmente equivalentes". El peligro opuesto es el de "rebajar la cultura y homologar los (...) estilos de vida". Benedicto XVI recuerda "el escándalo del hambre" y auspicia "una ecuánime reforma agraria en los países en desarrollo".

Asimismo, el pontífice evidencia que el respeto por la vida "en modo alguno puede separarse de las cuestiones relacionadas con el desarrollo de los pueblos" y afirma que "cuando una sociedad se encamina hacia la negación y la supresión de la vida acaba por no encontrar la motivación y la energía necesarias para esforzarse en el servicio del verdadero bien del hombre".

Otro aspecto ligado al desarrollo es el "derecho a la libertad religiosa. La violencia - escribe el Papa-, frena el desarrollo auténtico" y esto "ocurre especialmente con el terrorismo de inspiración fundamentalista".

"Fraternidad, desarrollo económico y sociedad civil" es el tema del tercer capítulo, que se abre con un elogio de la experiencia del don, no reconocida a menudo, "debido a una visión de la existencia que antepone a todo la productividad y la utilidad. (...) El desarrollo, (...) si quiere ser auténticamente humano, necesita en cambio dar espacio al principio de gratuidad", y por cuanto se refiere al mercado la lógica mercantil, ésta debe estar "ordenada a la consecución del bien común, que es responsabilidad sobre todo de la comunidad política".

Retomando la encíclica "Centesimus annus" indica "la necesidad de un sistema basado en tres instancias: el mercado, el Estado y la sociedad civil" y espera en "una civilización de la economía". Hacen falta "formas de economía solidaria" y "tanto el mercado como la política tienen necesidad de personas abiertas al don recíproco".

El capítulo se cierra con una nueva valoración del fenómeno de la globalización, que no se debe entender solo como "un proceso socio-económico". (...) La globalización necesita "una orientación cultural personalista y comunitaria abierta a la trascendencia (...) y capaz de corregir sus disfunciones".

En el cuarto capítulo, la Encíclica trata el tema del "Desarrollo de los pueblos, derechos y deberes, ambiente". "Gobierno y organismos internacionales -se lee- no pueden olvidar "la objetividad y la indisponibilidad" de los derechos. A este respecto, se detiene en las "problemáticas relacionadas con el crecimiento demográfico".

Reafirma que la sexualidad no se puede "reducir a un mero hecho hedonístico y lúdico". Los Estados, escribe, "están llamados a realizar políticas que promuevan la centralidad de la familia".

"La economía -afirma una vez más- tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de cualquier ética sino de una ética amiga de la persona". La misma centralidad de la persona, escribe, debe ser el principio guía "en las intervenciones para el desarrollo" de la cooperación internacional. (...) Los organismos internacionales -exhorta el Papa- deberían interrogarse sobre la real eficacia de sus aparatos burocráticos", "con frecuencia muy costosos".

El Santo Padre se refiere más adelante a las problemáticas energéticas. "El acaparamiento de los recursos" por parte de Estados y grupos de poder, denuncia, constituyen "un grave impedimento para el desarrollo de los países pobres". (...) "Las sociedades tecnológicamente avanzadas -añade- pueden y deben disminuir la propia necesidad energética", mientras debe "avanzar la investigación sobre energías alternativas".

"La colaboración de la familia humana" es el corazón del quinto capítulo, en el que Benedicto XVI pone de relieve que "el desarrollo de los pueblos depende sobre todo del reconocimiento de ser una sola familia". De ahí que, se lee, la religión cristiana puede contribuir al desarrollo "solo si Dios encuentra un puesto también en la esfera pública".

El Papa hace referencia al principio de subsidiaridad, que ofrece una ayuda a la persona "a través de la autonomía de los cuerpos intermedios". La subsidiariedad, explica, "es el antídoto más eficaz contra toda forma de asistencialismo paternalista" y es más adecuada para humanizar la globalización".

Asimismo, Benedicto XVI exhorta a los Estados ricos a "destinar mayores cuotas" del Producto Interno Bruto para el desarrollo, respetando los compromisos adquiridos. Y augura un mayor acceso a la educación y, aún más, a la "formación completa de la persona" afirmando que, cediendo al relativismo, se convierte en más pobre. Un ejemplo, escribe, es el del fenómeno perverso del turismo sexual. "Es doloroso constatar -observa- que se desarrolla con frecuencia con el aval de los gobiernos locales".

El Papa afronta a continuación al fenómeno "histórico" de las migraciones. "Todo emigrante, afirma, "es una persona humana" que "posee derechos que deben ser respetados por todos y en toda situación".

El último párrafo del capítulo lo dedica el Pontífice "a la urgencia de la reforma" de la ONU y "de la arquitectura económica y financiera internacional". Urge "la presencia de una verdadera Autoridad política mundial" (...) que goce de "poder efectivo".

El sexto y último capítulo está centrado en el tema del "Desarrollo de los pueblos y la técnica". El Papa pone en guardia ante la "pretensión prometeica" según la cual "la humanidad cree poderse recrear valiéndose de los ’prodigios’ de la tecnología". La técnica, subraya, no puede tener una "libertad absoluta".

El campo primario "de la lucha cultural entre el absolutismo de la tecnicidad y la responsabilidad moral del hombre es hoy el de la bioética", explica el Papa, y añade: "La razón sin la fe está destinada a perderse en la ilusión de la propia omnipotencia". La cuestión social se convierte en "cuestión antropológica". La investigación con embriones, la clonación, lamenta el Pontífice, "son promovidas por la cultura actual", que "cree haber desvelado todo misterio". El Papa teme "una sistemática planificación eugenésica de los nacimientos".

En la Conclusión de la Encíclica, el Papa subraya que el desarrollo "tiene necesidad de cristianos con los brazos elevados hacia Dios en gesto de oración", de "amor y de perdón, de renuncia a sí mismos, de acogida al prójimo, de justicia y de paz".



Descarga el texto completo de la Encíclica en PDF, dando click en: http://es.catholic.net/catholic_db/archivosWord_db/caritas_en_veritate.pdf

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