jueves, 24 de noviembre de 2011

El aborto nunca es un bien, dice Derecho a Vivir a P. Novoa


MADRID, 23 Nov. 11 / 07:08 am (ACI/EWTN Noticias)

La plataforma pro-vida española Derecho a Vivir (DAV) también respondió al sacerdote jesuita Carlos Novoa de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia) quien en distintas ocasiones ha expresado públicamente su apoyo alaborto y le recordó que "no hay circunstancia que nos haga llegar a la conclusión de que el aborto puede ser un bien".
En una declaración enviada el 22 de noviembre a ACI Prensa, DAV contesta así al reiterado apoyo al aborto que el P. Novoa ha expresado en diversos medios de comunicación tergiversando la enseñanza de la Iglesia Católica, manipulando incluso la encíclica Evangelium Vitae de Juan Pablo II.
DAV señala que "como hemos venido reiterando desde hace años, nada justifica que un ser humano sea eliminado de manera deliberada" y precisa que "los pseudo argumentos que esgrime Carlos Novoa son los mismos que los defendidos por los grupos de presión del feminismo radical y conocemos tanto su debilidad como sus respuestas".
El P. Novoa ha dicho, entre otras cosas, que el aborto terapéutico es ético y que como ciudadano es "respetuoso" de la decisión de la Corte Constitucional de Colombia que en 2006 despenalizó el aborto en tres casos, lo que la valido el aplauso de la famosa abortista Mónica Roa quien lo presenta como "un cura a favor del aborto".
DAV afirma luego que la falacia del aborto clandestino que también defiende el sacerdote colombiano jesuita es "una más de tantas que esgrimen aquellos que se dicen defensores de la mujer y al tiempo no hacen nada por impedir que sufran en sus carnes la tragedia del aborto".
"La solución a una situación de dificultad para una mujer embarazada nunca pasa por matar a su hijo. Si no por ofrecerle ayuda, por darle motivos de esperanza", advierte.
La plataforma pro-vida señala también que "el pueblo de Colombia debe aprender de la trágica experiencia española, donde la legislación ha llevado a una población crecientemente en vejecida cercana a 45 millones de personas a soportar más de 120.000 abortos anuales".
"Esta es una de las claves fundamentales del suicidio demográfico que se cierne sobre una Europa en crisis. La vida es prosperidad. A mayor número de nacimientos, mejor se sostiene el estado de bienestar, más riqueza se produce, más futuro se anuncia para la sociedad".
Finalmente DAV resalta que "Colombia y los otros países hermanos de la América hispana están en grave riesgo. En España lo hemos experimentado y tratamos de salir adelante. No caigan en la misma trampa, que además es una trampa mortal".
El pronunciamiento de DAV se suma al de Vida Humana Internacional que el 17 de noviembre recordó al P. Novoa que "no existe ninguna justificación para el aborto", al del Presidente del Tribunal Eclesiástico de Colombia, Mons. Libardo Ramírez, al del sacerdote dominico colombiano Fray Nelson Medina, a las críticas del experto canonista P. Luis Gaspar y del líder pro-vida latinoamericano Carlos Polo.
Entre quienes han protestado por el apoyo al aborto del P. Novoa, está también un grupo de jóvenes en Bogotá que se manifestaron en la Pontificia Universidad Javeriana donde solicitaron a los obispos y a la Compañía de Jesús que se pronuncien sobre este caso.
Para unirse al pedido de los jóvenes, ingrese a: http://www.unidosporlavida.com/blogsite/ 


domingo, 20 de noviembre de 2011

Rey de reyes - Letra


Jesús tu eres, la persona
más importante en este lugar. (Bis)

Rey de Reyes,
Señor de señores,
Aquel, que mi vida cambió. (Bis)  [Tres veces]

Rey de Reyes,
Señor de señores,
Aquel, que mi vida cambió. (Bis)

martes, 15 de noviembre de 2011

Una SUMA conversacion - Fray Nelson Medina



Una serie sobre la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, obra cumbre del pensamiento cristiano.
Los apuntes sobre cada tema se pueden conseguir aquí:  http://fraynelson.com/blog/categorias/santo_tomas/
Demás información directamente en Youtube.


Sobre el Autor: www.fraynelson.com

PD: Este es un acceso a todos los audios de esta serie sobre la Summa Teológica de Santo Tomás, para más información acceder a los enlaces arriba mencionados.

martes, 8 de noviembre de 2011

Absurdo materialismo


No es coincidencia, creo yo, que nuestra época, que ha despreciado la filosofía como una disciplina capaz de decirnos algo acerca de la realidad, sea la misma que haya decidido que el materialismo es el único común denominador para todos los hombres, y que cualquier idea que vaya más allá no es más que la manifestación de nuestra subjetividad.
Sin embargo, basta con un breve ejercicio mental para darnos cuenta queesta doctrina es evidentemente absurda. El materialismo propone que sólo existen los seres materiales, es decir aquellos que se encuentran en un lugar y tiempo determinados, mientras que los restantes, aquellos que el ser humano cree que existen pero no son materiales (dioses, hadas, etc.), sólo son ilusiones de la mente que los percibe, inducidas por otras causas materiales. El problema con esta idea es que, de ser cierta, necesariamente debemos concluir que el propio materialismo no existe de ninguna forma relevante, pues se trata de una idea, y eso no es algo que ocupe un lugar en el espacio o el tiempo, o corresponda a un objeto sustancial determinado.
En un universo donde sólo existen los seres materiales, sólo podríamos llegar a afirmar que el materialismo corresponde a una determinada disposición de los impulsos eléctricos en las neuronas del cerebro, pero ni siquiera podríamos decir si esa configuración neuronal es “verdadera”, mejor que el idealismo o más válida que otras, porque esas categorías tampoco tienen un sustento material inmediato y por lo tanto podemos afirmar con seguridad que no existen en ninguna forma significativa.
Para ser justos, debemos admitir que si bien es cierto que la razón muestra que el materialismo es absurdo, el materialismo, a su vez, puede replicar que la razón tampoco se identificar con ningún objeto corporal y por lo tanto no existe. Supongo que luego debe uno elegir entre ser razonable o materialista.
No es que los materialistas se molesten en respetar los derechos humanos (una más de esas molestas entidades espectrales), pero debemos anotar que si estuvieran en lo correcto, la mejor forma de corregir los errores las ideas erradas en los cerebros de los demás no sería apelando a la razón, sino a la medicina, y ahí mismo tenemos servida la receta para los regímenes totalitarios ateos, como los establecidos en el S. XX.
Una versión un poco más elaborada de esta misma idea surgió a inicios del S. XIX, con el positivismo de Augusto Comte. En lo esencial, esta escuela afirmaba que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico y negó que la filosofía pueda decirnos nada acerca del mundo, tarea que correspondía exclusivamente a las ciencias. Desde luego, los filósofos no tardaron en hacer notar que este mismo principio fundante de su filosofía, no se fundaba en ninguna forma de conocimiento científico y por lo tanto, al afirmar su validez, estaba admitiendo que había algo que sabían sin referencia a ninguna ciencia.
A pesar que no toma más que unos momentos en refutarse, el materialismo goza de enorme popularidad en nuestros días, en mi opinión, debido a la sensación de poder y maravilla que naturalmente provocan los éxitos de la ciencia y la tecnología. De ahí a ver a las disciplinas científicas como la única forma válida de conocer, y hacer un ídolo de ellas, no hay más que un paso, y así tenemos que el aire bajo las alas del nuevo ateísmo no es ninguna nueva escuela filosófica, que desarrolle una visión sistemática del mundo, sino simplemente la admiración del hombre simple ante los logros de la técnica, que está dispuesto a aceptar cualquier cosa que un tipo en bata blanca le diga, aunque no la entienda.
Como católico, tengo “tejado de vidrio”, pues he hecho profesión de aceptar todo lo que un tipo de sotana me diga, pero al menos yo sé que tengo una religión. Los materialistas también la tienen, pero no lo saben. Valga entonces la cita de Las Confesiones de San Agustín (Libro VI, Capítulo III).
Sin embargo, desde esta época empecé ya a dar preferencia a la doctrina católica, porque me parecía que aquí se mandaba con más modestia, y de ningún modo falazmente, creer lo que no se demostraba -fuese porque, aunque existiesen las pruebas, no había sujeto capaz de ellas, fuese porque no existiesen-, que allí en donde se despreciaba la fe y se prometía con temeraria arrogancia la ciencia, y luego se obligaba a creer una infinidad de fábulas absurdísimas que no podían demostrar.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Mas alla de la dictadura del relativismo


Por Robert Royal

Prácticamente cualquiera que preste algo de atención a los asuntos públicos conoce la famosa homilía que pronunció Joseph Ratzinger poco antes de ser elegido Papa en la que denunció la moderna “dictadura del relativismo”. El futuro Benedicto XVI correctamente marcó una conexión entre la supuesta tolerancia y apertura que profesa mucha gente opuesta a la fe y a la moral, y los poderosos medios que usan ahora para forzar a tener esta perspectiva a todos los demás.

Todo es cierto y profundo. Pero se ha vuelto más claro aún que ahora muchas de las amenazas a las creencias tradicionales religiosas y a la conducta no son exactamente el relativismo, ni la apertura, ni la tolerancia. Ni de lejos. Ahora se hace presente un grupo sustancioso de creencias y enseñanzas alternativas. Y afirmar que esta nueva fe es justa o neutral simplemente no soportaría el más pequeño análisis.

Tome por ejemplo el matrimonio homosexual aprobado en el estado de Nueva York. El terreno había sido preparado para esto con una serie de políticas públicas, para alegar, por ejemplo, que para todos nosotros la sexualidad es algo fluido y “socialmente construido”. Una especie de relativismo, si se quiere ver así.

Excepto que, parece que en el caso de los hombres y las mujeres homosexuales, ellos han nacido así o surgen como producto del “gen gay”. Si uno tiene sentimientos homoeróticos, en esta perspectiva, la naturaleza –y tal vez Dios– se han expresado en uno. Y uno es así. Incluso los gays que son infelices y quieren cambiar su orientación son alentados a creer que lo único que tienen es “homofobia internalizada”.

Este es el tipo de afirmación sencilla de la naturaleza o la biología que nos han enseñado a considerar 
cruda o ingenua –incluso ligeramente fascista– cuando es usada para apoyar la heterosexualidad como la norma, o a nociones como el matrimonio, la familia y padres de sexos opuestos como ideales para los niños. No se admite en estas áreas un llamado a la biología o a hechos claros.

La inconsistencia aquí es una clave: no estamos tratando aquí con una verdad científica o racional, sino con una ideología, de hecho, con un tipo alternativo de fe. Pese a que no hay sólida evidencia científica para el gen gay, y buena parte de la evidencia sobre el desastre que significa para los niños y adultos los resultados de esta manera de tratar el matrimonio, se convierte todo en una especie de fe ciega y en una cruzada moral para un segmento de la población que busca hacerlo todo al revés.
Nuestros radicales sociales deploran las cruzadas morales en principio cuando los cristianos se ponen de pie simplemente en nombre de la sabiduría acumulada y la práctica social de toda sociedad humana en todo tiempo. Los radicales alegan que la sociedad tiene que ser abierta y natural, y no estar dominada por reglas morales y públicas que son divisorias.

Pero las pasiones morales no se erradican simplemente porque cambiamos sus objetos. Si quieres creer que el matrimonio homosexual es un derecho humano fundamental –y eso es lo que está sucediendo aquí y en diversos foros internacionales– estás diciendo que cualquiera que piense diferente es moralmente repugnante y una amenaza, incluso antes de que haga cualquier cosa, para el tipo de actitudes que la gente decente debería tener. Esta es la razón por la que los tradicionales cristianos, judíos, musulmanes, budistas, etc. son –absurdamente– acusados de promover el “odio” como un valor familiar. Y pese a que los radicales están atentos a no establecer este punto demasiado claro –para evitar problemas políticos– simplemente han declarado que la moral religiosa tradicional es sinónimo de intolerancia.

Entonces tenemos una situación igual de absurda en la que la gran mayoría de la raza humana es 
tenida en cuenta como moralmente perversa por una pequeña minoría de la población que está en algunos países ricos. Mientras tanto, la historia del siglo XX se ve marcada por una serie de teorías enfermizas que parecían humanas y científicas en su momento, pero que de algún modo lograron el control en los niveles de poder y generaron un panorama con víctimas de varios tipos.

La revolución sexual ya ha producido una crisis de ilegitimidad –y un tsunami de problemas en la realidad concreta de estar relacionados– que parecía todo pero imposible antes de nuestro tiempo. Como es usual, los pobres y marginados son aquellos que más sufren. En cualquier medida, por ejemplo, el racismo está muy reducido respecto a lo que fue hace 50 años. Pero la ilegitimidad llega al 80 por ciento entre los negros, 5 veces lo que era en 1960.

No hay misterio aquí: la revolución sexual, más los programas de gobierno que sustituyeron a los padres produjeron aumentos similares, aunque menores en porcentajes absolutos, para todas las razas con las patologías sociales habituales y agregó una serie de confusiones psicológicas. Mientras tanto, sigue apareciendo una montaña de investigaciones sociales que demuestras que vivir en una familia estable y el culto religioso regular producen enormes ventajas en la salud y la felicidad humana

Este es el punto del argumento en el que el otro equipo pide tiempo y dice: mira, ustedes los heteros ya han realizado un trabajo de demolición sobre el matrimonio. ¿Qué daño puede hacer el pequeño porcentaje de gays que quieren casarse –aquellos pocos que son el 1 o 2 de la población– al final de cuentas?

Hay una respuesta simple: la ruptura familiar es un hecho, pero es un hecho que no niega que el rol crucial de la familia en principio. La legalización del matrimonio gay simplemente ignora la más importante de las uniones pre-políticas –la intrincada red de reproducción, afecto, educación y formación de nuevas generaciones que ha sido reconocida en toda sociedad como algo único e indispensable– al igualarla con cualquier unión de dos o más personas que pueden afirmar están unidas en matrimonio.

En los años 70s’, el Presidente Carter trató de realizar una “Conferencia en la Casa Blanca sobre la Familia” a la que los radicales obligaron a cambiar de nombre usando “las familias”, reconociendo las distintas formas de estas. Eso puede haber estado justificado, adecuadamente hecho, pero la definición de familia adoptada en la conferencia se aplicaba igualmente, como alguien observó, “a la familia tradicional y a dos borrachos que comparten un vagón de carga”.

Sólo espere a que tengamos nuestra primera familia Zar. Verá cosas que no va a creer. Y no se presentarán bajo la bandera del relativismo, sino bajo una fe diferente y muy militante.

Robert Royal es el editor de La Cuestión Católica y presidente del Faith & Reason Institute en Washington, D.C. Su libro más reciente es The God That Did Not Fail: How Religion Built and Sustains the West (El Dios que no fallí: Cómo la religión construyó y sostiene occidente).

sábado, 5 de noviembre de 2011

Objeciones contra la ilegalidad del aborto


Por Daniel Iglesias Grèzes
(AA) En este artículo se presentan y se refutan cuatro de los argumentos favoritos de los partidarios de la legalización del aborto. Agradecemos a su autor, Daniel Iglesias Grèzes, por autorizarnos a publicarlo en Argentinos Alerta. Fue publicado originalmente en InfocatolicaEl autor es uruguayo y miembro de la Asociación "Familia y Vida". Ha escrito varios libros de teología. Hemos ilustrado los conceptos desarrollados por Daniel Iglesias Grèzes con vínculos a notas de Argentinos Alerta.
 1. La objeción basada en la libertad de elección
Presentación: Todo ser humano tiene derecho a disponer con absoluta libertad de su propio cuerpo. El embrión o feto es parte del cuerpo de la mujer embarazada. Por lo tanto, la mujer embarazada tiene derecho a disponer con absoluta libertad del embrión o feto.
Refutación: Las dos premisas de este silogismo son falsas, por lo cual el razonamiento es inválido. El ser humano no siempre tiene derecho a disponer libremente de su propio cuerpo. Por ejemplo, tiene derecho a hacerse extirpar el apéndice en caso de apendicitis, pero no tiene derecho a amputarse una oreja por puro capricho. La premisa mayor en cuestión procede de una ideología individualista radical, que aplica al propio cuerpo la falsa noción de un derecho absoluto a la propiedad privada, no sujeto a ninguna obligación moral interpersonal.
Además, es una verdad científicamente demostrada que el embrión (o el feto) no es nunca una parte del cuerpo de la mujer embarazada, sino que desde el mismo momento de su concepción es un ser humano distinto del padre y de la madre. El embrión no es un ser humano en potencia sino un ser humano en acto (embrionario en acto y adulto en potencia). A quien todavía dude de esta evidente verdad biológica, le recomiendo que piense en la (inmoral pero real) fecundación in vitro: si el embrión concebido naturalmente es parte del cuerpo de la madre, el embrión concebido in vitro, ¿de quién es parte? ¿De la probeta o del freezer? Y si el embrión (luego feto) es un ser humano, necesariamente es también una persona humana y tiene toda la dignidad y los derechos que le corresponden a cualquier persona humana.
2. La objeción basada en el riesgo sanitario
Presentación: La ley debe minimizar a toda costa los riesgos sanitarios que corren las mujeres que se realizan abortos. La ilegalidad del aborto impulsa a las mujeres a someterse a abortos clandestinos en condiciones de riesgo, lo cual provoca muchas muertes entre ellas. Por lo tanto, se debe legalizar el aborto para evitar las muertes de mujeres que se someten a abortos clandestinos.
Refutación: Las dos premisas de este silogismo son falsas, por lo cual el razonamiento es inválido. El fin supremo perseguido por la ley es el establecimiento de un orden social justo, no la minimización a cualquier precio de los riesgos que corren las personas que llevan a cabo determinados actos (en este caso, actos homicidas), aun con peligro de su propia vida. Aunque el aborto clandestino puede ser para la madre algo más peligroso que el aborto legal, el aborto (clandestino o legal) es siempre letal para su hijo. Recordemos siempre que éste es inocente y que no cabe tratarlo como un injusto agresor. Aplicando análogamente la premisa mayor de esta objeción a otros delitos, llegaríamos a conclusiones absurdas, como –por ejemplo– que se debería legalizar el robo para evitar los riesgos a los que se exponen los ladrones en sus esporádicos enfrentamientos armados con los policías.
Además, lo que determina a una mujer a someterse al riesgo de un aborto clandestino no es la ley que prohíbe el aborto (allí donde este tipo de ley existe), sino su libre decisión de matar al hijo que lleva en su seno.
Por otra parte, aunque la muerte de mujeres en abortos clandestinos es una realidad muy lamentable, la incidencia de esta causa de muerte es muy baja en términos absolutos (por ejemplo, en el Uruguay, la cantidad total de muertes por esa causa normalmente varía entre 0 y 5 por año), lo cual lleva a pensar que la mayoría de los abortos clandestinos no se realiza en condiciones de riesgo.
Tampoco es seguro que la legalización del aborto produzca necesariamente una gran disminución del número de abortos clandestinos. Por varias razones, algunas mujeres seguirían recurriendo a abortos clandestinos: mujeres con más semanas de embarazo que el plazo máximo establecido para un aborto legal, mujeres que no quieren dejar un registro de su aborto, mujeres menores de edad cuyos padres no aprueban el aborto, mujeres extranjeras que están de paso en el país, etc. La aplicación coherente de esta objeción pro-abortista debería conducir a eliminar también estas últimas restricciones legales, permitiendo la legalización del aborto hasta el último día del embarazo, la eliminación de los registros de abortos legales, la realización de abortos a menores sin consentimiento de sus padres, el “turismo” con fines abortivos, etc. El absurdo de estas consecuencias demuestra el absurdo de la premisa de la cual ellas derivan.
Por último, es evidente que la legalización del aborto implicaría un aumento de la cantidad de abortos y por lo tanto de la cantidad de homicidios. Además aumentaría la cantidad de mujeres víctimas de las muchas consecuencias negativas (físicas y psíquicas) del aborto. Los pro-abortistas suelen olvidar u ocultar que también el aborto legal es más peligroso para la madre que llevar a término su embarazo. En particular, aumentarían las víctimas de la depresión post-aborto, lo cual implicaría un aumento del número de suicidios. Es muy probable que el aumento de los suicidios superase a la posible disminución de las muertes relacionadas con abortos clandestinos.
3. La objeción basada en la aceptación generalizada
Presentación: No se debe considerar ilegal ninguna práctica generalizada y aceptada por la sociedad. El aborto es una práctica generalizada y aceptada por la sociedad. Por lo tanto, se debe legalizar el aborto.
Refutación: Las dos premisas de este silogismo son falsas, por lo cual el razonamiento es inválido. El hecho de que una práctica delictiva esté muy extendida en una sociedad o incluso sea aceptada por la mayoría de la población no implica necesariamente que el Estado deba despenalizarla, ni mucho menos que deba legalizarla. Piénsese por ejemplo en los casos de soborno o de contrabando en pequeña escala, frecuentes en determinados ámbitos; si en estos casos no se puede aplicar la premisa mayor de esta objeción, menos aún es posible hacerlo en el caso del aborto, que es un delito mucho más grave, puesto que atenta contra el primero de los derechos humanos, el derecho a la vida. Los derechos humanos fundamentales no nacen ni mueren por el voto de la mayoría de los ciudadanos, sino que son inherentes a la naturaleza humana. La tarea del Estado no es crearlos, sino simplemente reconocerlos, defenderlos y promoverlos. Una ley positiva que violara esos derechos sería inválida.
Además, el aborto no es una práctica socialmente generalizada y aceptada. Dado que a veces los pro-vida han caído en el error de aceptar acríticamente la validez de estadísticas tendenciosas acerca del aborto, es necesario subrayar con fuerza que en todo el mundo los pro-abortistas manejan habitualmente cantidades de abortos muy exageradas, fraguadas para crear la falsa impresión de que la gran mayoría de las mujeres recurre al aborto en algún momento de sus vidas y de que la legalización del aborto no aumentaría la ya altísima cantidad de abortos. Por ejemplo, los pro-abortistas solían afirmar, sin ningún fundamento serio, que había 50.000 o hasta 100.000 abortos quirúrgicos anuales en el Uruguay; estas cantidades son sencillamente absurdas, dado que Uruguay es un país de 3,3 millones de habitantes con una población bastante envejecida.
Otra estrategia habitual de los pro-abortistas en todo el mundo es recurrir a encuestas sesgadas que pretenden hacer creer que la gran mayoría de la población está de acuerdo con una legalización total del aborto, cuando en realidad la mayoría se opone totalmente al aborto o bien lo acepta sólo en determinados casos, relativamente poco frecuentes (peligro de muerte de la madre, malformación del feto, violación).
A partir de esas falsas estadísticas y encuestas, los pro-abortistas concluyen que reprimir el aborto es una tarea imposible y una hipocresía, porque quienes lo condenan en público supuestamente lo practican en privado. Todo esto es radicalmente falso: si se quiere, el aborto puede ser combatido eficazmente. Ante todo, con educación, pero sin descartar la represión. Los padres y madres que consienten en provocar un aborto son culpables, aunque a veces tienen atenuantes (por ejemplo, la ignorancia sobre la naturaleza homicida del aborto); pero mucho más culpables que ellos son los médicos que lucran con un negocio infame, pervirtiendo su noble profesión. También tienen su parte de responsabilidad las autoridades civiles, cuando por omisión dejan impunes la mayoría de esos crímenes.
Por último, quisiera decir algo sobre la acusación de hipocresía que los pro-abortistas suelen hacer contra los ciudadanos pro-vida. Se trata de una acusación gratuita, y bastante absurda y ofensiva por cierto. Dicho en forma breve y sencilla, “hipócrita” es quien predica el bien y practica el mal. Pues bien, la gran mayoría de los pro-vida no sólo nos oponemos al aborto de palabra, sino también de hecho. Ni practicamos abortos, ni nos sometemos a abortos, ni aconsejamos a nadie que aborte, ni contribuimos con ningún aborto. ¿Dónde está entonces nuestra hipocresía?
Además, aunque haya una minoría de defensores de la vida hipócritas y aunque esa hipocresía sea deplorable, es necesario subrayar con fuerza que hay sólo dos formas de librarse de la hipocresía y que los pro-abortistas recomiendan la forma equivocada. En efecto, si la hipocresía es la incoherencia de predicar el bien y practicar el mal, las únicas dos formas posibles de suprimirla son: o dejar de practicar el mal o dejar de predicar el bien. La primera alternativa es la única éticamente aceptable. La segunda alternativa es capaz de generar algo todavía peor que un hipócrita: un ser egoísta que se jacta públicamente de su egoísmo y desprecia visiblemente la virtud.
Por lo demás, con mucha frecuencia es el bando pro-abortista el que incurre en una forma muy descarada de hipocresía, cuando, a la vez que defiende el aborto con base en una supuesta “libertad de elección” de la mujer, se niega tenazmente a condenar como es debido los abortos forzosos practicados por el régimen comunista chino.
4. La objeción basada en la laicidad del Estado
Presentación: En un país laico no debe haber leyes fundadas en dogmas religiosos. Una ley que prohíbe y penaliza el aborto está fundada en los dogmas de la fe católica. Por lo tanto, en un país laico se debe despenalizar y legalizar el aborto.
Refutación: La premisa menor de este silogismo es falsa, por lo cual el razonamiento es inválido. Acerca de la premisa mayor diré que cuando –como está implícito en esta objeción– se afirma que un determinado país es “laico” se comete un grueso error, que proviene de los excesos de la ideología estatista: confundir el país con el Estado. Habría que decir, en cambio, que se trata de un país cuyos habitantes tienen distintas definiciones en materia religiosa y cuyo Estado se define corrientemente como “laico”. O sea, un país plural en materia religiosa, con un Estado “laico”.
Además, a menudo se producen grandes distorsiones del significado auténtico de la laicidad del Estado. No es lícito identificar la aconfesionalidad del Estado –compatible con una alta valoración del fenómeno religioso en general, y de las raíces religiosas del propio país o civilización en particular– con un laicismo militante y hostil a la religión, que procura suprimir su influencia en los asuntos públicos y reducirla a una esfera puramente privada. El dualismo esquizofrénico de cierto secularismo, que busca establecer un abismo infranqueable entre lo público y lo privado, proviene de una falsa antropología que no toma en serio la unidad radical del ser humano ni su índole social. El hombre es siempre inseparablemente individuo y miembro de la sociedad; y se manifiesta ineludiblemente como lo que es. Por todo esto sería mucho más oportuno decir que el Estado es aconfesional, en lugar de “laico”, una palabra cargada de tantas interpretaciones desviadas.
Con estas importantes salvedades, dejaré de lado la premisa mayor y me concentraré en refutar la premisa menor, lo cual será suficiente para refutar la objeción.
Una ley que prohíbe y penaliza el aborto no está fundada en los dogmas de la fe católica, sino en el orden moral objetivo, que todo ser humano (cualquiera que sea su religión) puede conocer por medio de la recta razón. Esto quedó claro en el post titulado “¿Por qué el aborto debe ser penalizado?”. La fe católica no interviene en ninguno de los cuatro pasos del argumento allí expuesto. Ese solidísimo argumento es de orden científico y filosófico, y está al alcance de la sola razón natural. Como hemos visto, la oposición a la legalización del aborto brota ante todo, no de dogmas religiosos, sino de verdades evidentes tales como las siguientes: el embrión humano es un ser humano desde su concepción; todo ser humano goza de la dignidad humana; no se debe matar a ningún ser humano inocente; el Estado debe defender los derechos humanos; etc. Todas estas verdades son compartibles por personas no católicas y de hecho son compartidas por muchas de ellas. Para reconocer la inmoralidad del aborto no es necesario profesar la fe católica, sino que basta reconocer la ley moral natural inscrita en la conciencia de cada hombre, uno de cuyos preceptos fundamentales es amar y respetar la vida humana.
Esta objeción proviene de otra de las estrategias favoritas de los pro-abortistas: la de “confesionalizar” el debate sobre el aborto, catalogando a los pro-vida como católicos intolerantes, que pretenden imponer sus creencias religiosas a todo el resto de la sociedad. Esto representa una profunda tergiversación del debate.
Los católicos tienen tanta capacidad, tanto derecho y tanto deber como cualquier otro ciudadano de rechazar la gravísima injusticia del aborto mediante argumentos puramente racionales. El hecho de que su fe sobrenatural les suministre argumentos teológicos adicionales contra la legalización del aborto no desvirtúa en modo alguno la validez racional de sus argumentos científicos y filosóficos sobre el mismo asunto. Pensar lo contrario equivaldría a sostener que un católico, por el mismo hecho de ser católico, quedaría incapacitado para intervenir en los debates políticos acerca de cualquier asunto con profundas implicaciones éticas. Si alguno de los pro-abortistas tiene ese prejuicio anticatólico, sería bueno que se sincerara y se animara a expresarlo de forma clara y pública. (Fin).
Daniel Iglesias Grèzes

Texto tomado de:  

viernes, 4 de noviembre de 2011

Tu camino

Páramo Sumapaz - Colombia


Muéstrame, Yahvé, tu camino,
que recorreré con fidelidad;
concentra toda mi voluntad
en la adhesión a tu nombre.
(Salmo 86, 11)


La mano de Dios

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