sábado, 31 de agosto de 2013

Aunque la carne se vista de seda

Aunque la carne se vista de seda. 
-Te diré, cuando te vea vacilar ante la tentación, 
que oculta su impureza con pretextos de arte, de ciencia, ¡de caridad! 
Te diré, con palabras de un viejo refrán español: 
aunque la carne se vista de seda, carne se queda.
(San Josemaría Escrivá)

viernes, 30 de agosto de 2013

Asuntos sin resolver de nuestro corazon

Le ruego tener paciencia con los asuntos sin resolver de su corazón. 
Trate de amar las preguntas como si fueran cuartos cerrados o libros escritos en idiomas extraños.
No busque las respuestas que aún no le pueden ser reveladas, 
porque usted no podrías vivirlas.

El punto es que hay que vivir todo.
Viva las preguntas ahora. 
Tal vez entonces, algún día lejano en el futuro usted gradualmente, sin que se dé cuenta,
vivirá su camino hasta llegar a la respuesta. 
(Raine Maria Rilke)

jueves, 29 de agosto de 2013

Amigos aduladores y reproches de los enemigos

"Así como la adulación de los amigos nos pervierte, 
los reproches de los enemigos muchas veces nos corrigen."
(San Agustín)

miércoles, 28 de agosto de 2013

La mayor pobreza

"No hay mayor pobreza que pretender retener lo que al final tendremos que entregar." 
(Fray Nelson Medina)

¿Encontramos fundamento biblico para dar gloria y alabanza a Maria y a los Santos?

Dr. Jorge Arturo Rodríguez Reyna

La comunión de los santos
Nota: Para descargar este artículo en PDF clic AQUI

*Las citas bíblicas han sido tomadas de la versión protestante Reina-Valera.

Estaba recordando recientemente una oración que hace algunos años practicaba con mucha devoción, pidiendo la intercesión de San Ignacio de Loyola, quien por cierto me alcanzó grandes favores de parte del Señor. Me acordé que en una parte de la novena se decía: “Glorioso San Ignacio”. Y digo esto, porque juntamente con dichos recuerdos se asociaron otros, cuando alguna vez conversaba con hermanos protestantes, quienes entendiendo de manera incompleta la Palabra de Dios, afirmaban que nadie más que Dios puede recibir gloria, honor y alabanza. Por tanto – según ellos – el que nosotros cataloguemos de “glorioso” a algún santo o a nuestra Madre la Virgen María, o el que afirmemos que ellos son dignos de “alabanza”, por sus virtudes y santidad, es errado y contrario a la voluntad divina.

Es cierto que el Señor Dios es digno de recibir toda la honra, poder, alabanza, gloria y adoración, como creemos los católicos también. Eso lo afirma claramente la Sagrada Escritura:

1 Tm 1:17  “¡Qué todo el honor y toda la gloria sean para Dios por siempre y para siempre”.

Ap 5:13 “A todo lo creado que está en el cielo, sobre la tierra, debajo de la tierra y en el mar, y a todas las cosas que hay en ellos, oí decir: «Al que está sentado en el trono y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos»”.

Sin embargo, esto no contradice el que nosotros podamos alabar las virtudes y santidad de personas que nos han antecedido en el encuentro con el Padre Celestial, destacando además la gloria que estos tienen delante de Él. Estos hermanos nuestros son la Virgen María y los santos. Tenemos que entender perfectamente que si decimos que Dios merece estos reconocimientos de gloria y alabanza, es obvio que le corresponden en grado supremo e infinito, puesto que Él es un Ser Infinito, mientras que sus criaturas los recibirán en grado sumamente menor. No le quita nada al Señor la gloria y alabanza que les brindamos a sus hijos santificados por El mismo. María merece ser alabada y glorificada por su santidad, de una manera especial por ser la Madre del Señor. La gloria y alabanza de Dios no se ve menoscabada absolutamente, al contrario, el Señor es alabado y glorificado en sus santos.

Hasta aquí podría encontrar el enfado de los hermanos protestantes, puesto que su principio de Sola Scriptura (sólo la Biblia), les impide aceptar más argumentos que los que se encuentran en los libros sagrados (aunque la doctrina de Sola Scriptura no se encuentra sustentada en la Biblia).
Verán que alabar a una persona santa – como decimos los católicos – no tiene nada de extraordinario, como San Pablo mismo les dice a los corintios que deberían hacer:

Rm 8:16-17 “Porque el mismo Espíritu da testimonio á nuestro espíritu que somos hijos de Dios, Y si hijos, también herederos; herederos de Dios, y coherederos de Cristo; si empero padecemos juntamente con él, PARA QUE JUNTAMENTE CON ÉL SEAMOS GLORIFICADOS”

2 Cor 12:11 “Yo debía ser ALABADO por vosotros, porque en nada he sido menos que aquellos «grandes apóstoles», aunque nada soy”.
Incluso cualquiera podría alabarse a sí mismo, cuando tuviera los motivos para hacerlo, como lo proclamó el profeta Isaías:

Jer 9:24 “Mas ALÁBESE en esto el que haya de ALABARSE: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová”.

Los primeros cristianos eran alabados por los no creyentes, debido a sus buenas obras:

Hch 5:13 “Sin embargo, el pueblo los ALABABA grandemente”.
El apóstol Pablo, consideraba motivo suficiente para alabar a sus hermanos, el hecho de recordarle y seguir lo que les predicaba:

1 Cor 11:2 “Os ALABO, hermanos, porque en todo os acordáis de mí”.
Y es justamente la virtud del cristiano la que nos debe motivar a alabarle:

Fil 4:8 “Si hay virtud alguna, si algo digno de ALABANZA, en esto pensad”.
En cuanto a la gloria, recordemos que Dios mismo se la dio a Salomón, cuando éste le pidió sabiduría:

1 R 3:13 “Y aun también te he dado las cosas que no pediste, riquezas y GLORIA”.
Así, si el Señor mismo da gloria a sus hijos, ¿por qué negárselas a quienes la merecen, por su santidad, incluso hasta llegar al martirio?

Es más, el ser humano en general ha sido coronado de gloria y honra por el Señor, como lo afirma su Palabra:

Sal 8:5 “Le has hecho poco menor que los ángeles, y lo coronaste de GLORIA y de honra”.
Hablando de Jesucristo, la carta a los Hebreos le confiere una gloria mayor a la que tenía Moisés, puesto que se refieren al Creador y a su criatura, respectivamente. Con esto se demuestra que la gloria de una criatura, no hace menos la gloria del Señor, la diferencia obviamente es que la gloria de Dios es infinita:

Heb 3:3 “Porque de tanto mayor GLORIA que Moisés es estimado digno éste, cuanto tiene mayor honra que la casa el que la hizo”.

En general, es digno de gloria el cristiano que obra el bien:

Rom 2:10 “Pero GLORIA y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego”

Hasta las criaturas celestiales tienen su gloria particular, como leemos en el libro del Apocalipsis:

Ap 18:1 “Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su GLORIA”.

En fin, como hemos visto, la gloria y alabanza que pueden recibir las criaturas del Señor no quitan nada a la gloria y alabanza infinita que merece el Señor, más bien Dios es alabado y glorificado por la santidad de sus elegidos.

Siendo bíblicamente sustentado todo lo expuesto, ¡cómo no considerar digna de gloria y alabanza a María, la madre del Señor, así como a todos los santos que sirven al Rey de Reyes!

Para terminar, comparto con Uds. otros versículos bíblicos que reafirman el tema. 

Gn 49:8 “Judá, te ALABARÁN tus hermanos”.

Dt 32:43 “¡ALABAD, naciones, a su pueblo”. Cant 6:9 “La vieron las doncellas, y la llamaron bienaventurada; las reinas y las concubinas, y la ALABARON”.

2 Sam 14:25 “No había en todo Israel ninguno tan ALABADO por su hermosura como Absalón”.

1 Rey 20:11 “El rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se ALABE tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe”.

Pr 27:2 “ALÁBETE el extraño y no tu propia boca”.

Pr 12:8 “Por su sabiduría es ALABADO el hombre”.

Pr 31:28 “Sus hijos se levantan y la llaman bienaventurada, y su marido también la ALABA”.

Pr 31:31 “¡Ofrecedle del fruto de sus manos, y que en las puertas de la ciudad la ALABEN sus hechos!”.

Ecl 8:15 “Por tanto, ALABÉ yo la alegría”.

Is 61:7 “En lugar de vuestra doble vergüenza y de vuestra deshonra, os ALABARÁN en sus heredades”.

Jer 49:25 “¡Cómo abandonan la ciudad tan ALABADA, la ciudad de mi gozo!”

Ez 26:17 “¿Cómo pereciste tú, poblada por gente de mar, ciudad que era ALABADA, que era fuerte en el mar”.

Sal 49:18 “Aunque, mientras viva, llame dichosa a su alma y sea ALABADO porque prospera”.

Sal 63:11 “Pero el rey se alegrará en Dios; será ALABADO cualquiera que jura por él”.

Lc 16:8 “Y ALABÓ el amo al mayordomo malo por haber actuado sagazmente”.

Rom 13:3 “Haz lo bueno y serás ALABADO por ella”.

1 Cor 4:5 “Entonces, cada uno recibirá su ALABANZA de Dios”.

1 Cor 11:22 “¿Qué os diré? ¿Os ALABARÉ? En esto no os ALABO”.

2 Cor 10:18 “No es aprobado el que se ALABA a sí mismo, sino aquel a quien Dios ALABA”.

1 P 2:14 “Como por él enviados para castigo de los malhechores y ALABANZA de los que hacen bien”.
Gn 45:13
Haréis pues saber á mi padre toda MI GLORIA en Egipto, y todo lo que habéis visto: y daos prisa, y traed a mi padre acá.

Dt 26:19 “A fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y GLORIA, y para que seas un pueblo santo”.

Dt 33:17 “Como el primogénito de su toro es su GLORIA (refiriéndose a José, hijo de Jacob)”.

2 Sam 1:19 “¡Ha perecido la GLORIA de Israel sobre tus alturas!”

1 Cr 29:25 “Y Jehová engrandeció en extremo a Salomón a ojos de todo Israel, y le dio tal GLORIA en su reino”.

1 Cr 29:28 “Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de GLORIA”.

2 Cr 1:12 “Sabiduría y ciencia te son dadas; y también te daré riquezas, bienes y GLORIA”.

2 Cr 17:5 “Jehová, por tanto, confirmó el reino en su mano, y todo Judá dio a Josafat presentes; y tuvo riquezas y GLORIA en abundancia”.

2 Cr 32:27 “Y tuvo Ezequías riquezas y GLORIA, muchas en gran manera”.

Jb 19:9 “Me ha despojado de mi GLORIA, y quitado la corona de mi cabeza”.

Sal 49:16 “No temas cuando se enriquece alguno, cuando aumenta la GLORIA de su casa”.

Sal 149:9 “Para ejecutar en ellos el juicio decretado; GLORIA será esto para todos sus santos”.

Prov 20:29 “La GLORIA de los jóvenes es su fuerza”.

Prov 28:12 “Cuando los justos se alegran, grande es la GLORIA”.

Is 5:13 “Por tanto, mi pueblo fue llevado cautivo, porque no tuvo conocimiento; y su GLORIA pereció de hambre”.

Is 10:3 “¿En dónde dejaréis vuestra GLORIA?”

Is 17:3 “Y lo que quede de Siria será como la GLORIA de los hijos de Israel”.

Is 17:4 “En aquel tiempo la GLORIA de Jacob se atenuará”.

Is 35:2 “La GLORIA del Líbano le será dada, la hermosura del Carmelo y de Sarón”.

Is 60:15 “En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una GLORIA eterna”.

Is 61:3 “A ordenar que a los afligidos de Sion se les dé GLORIA en lugar de ceniza”.

Is 66:12 “Porque así dice Jehová: He aquí que yo extiendo sobre ella paz como un río, y la GLORIA de las naciones”.

Ez 24:25 “El día que yo arrebate a ellos su fortaleza, el gozo de su GLORIA, el deleite de sus ojos”.

Dn 5:18 “El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la GLORIA y la majestad”.

Os 9:11 “La GLORIA de Efraín volará cual ave, de modo que no habrá nacimientos”.

Am 8:7 “Jehová juró por la GLORIA de Jacob: No me olvidaré jamás de todas sus obras”.

Nah 2:2 “Porque Jehová restaurará la GLORIA de Jacob como la GLORIA de Israel”.

Zac 12:7 “Y librará Jehová las tiendas de Judá primero, para que la GLORIA de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá”.

Mt 6:29 “Pero os digo, que ni aun Salomón con toda su GLORIA se vistió así como uno de ellos”.

Lc 14:10 “Ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás GLORIA delante de los que se sientan contigo”.

Rom 2:7 “Vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan GLORIA y honra e inmortalidad”.

Rom 9:4 “Que son israelitas, de los cuales son la adopción, la GLORIA, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas”.

1 Cor 2:7 “La sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra GLORIA”.

1 Cor 9:15 “Porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi GLORIA”.

1 Cor 11:7 “Porque el varón no debe cubrirse la cabeza, pues él es imagen y GLORIA de Dios; pero la mujer es GLORIA del varón”.

1 Cor 15:31 “Os aseguro, hermanos, por la GLORIA que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero”.

1 Cor 15:40 “Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la GLORIA de los celestiales, y otra la de los terrenales”.

1 Cor 15:41 “Una es la GLORIA del sol, otra la GLORIA de la luna, y otra la GLORIA de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en GLORIA”.

2 Cor 1:12 “Porque nuestra GLORIA es esta: el testimonio de nuestra conciencia, que con sencillez y sinceridad de Dios, no con sabiduría humana, sino con la gracia de Dios…”

2 Cor 1:14 “Como también en parte habéis entendido que somos vuestra GLORIA, así como también vosotros la nuestra”.

2 Cor 3:11 “Porque si lo que perece tuvo GLORIA, mucho más glorioso será lo que permanece”.

2 Cor 11:10 “Por la verdad de Cristo que está en mí, que no se me impedirá esta mi GLORIA en las regiones de Acaya”.

Ef 3:13 “Por lo cual pido que no desmayéis a causa de mis tribulaciones por vosotros, las cuales son vuestra GLORIA”.

1 Tes 2:20 “Vosotros sois nuestra GLORIA y gozo”.

1 P 1:7 “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, GLORIA y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.

Ap 21:26 “Y llevarán la GLORIA y la honra de las naciones a ella”.



FUENTE: http://www.apologeticacatolica.org/Santos/Santos15.html

martes, 27 de agosto de 2013

Conversando con amigos evangelicos sobre el Canon Biblico

Por José Miguel Arráiz
El Mérito
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio que aborda las diferencias entre la Biblia que utilizamos los católicos y nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan no son reales.

Miguel: En nuestra conversación mencionabas un texto del libro de los Macabeos para justificar la conveniencia de la oración por los difuntos. He investigado un poco y ya sé por qué no se encuentra en nuestras Biblias. Lo que sucede es que es un libro apócrifo que no pertenecía al canon judío del Antiguo Testamento y por ende, tampoco debe pertenecer a la Biblia.

José: Antes que nada una aclaración: nosotros no les llamamos apócrifos, porque así les llamamos a otros escritos que si quedaron fuera del Canon bíblico, les llamamos “deuterocanónicosˮ[1], por ser libros cuya canonicidad fue puesta en duda en diversas ocasiones, incluso mucho más que el resto de los libros sagrados que llamamos “protocanónicosˮ. Pero dejemos a un lado la terminología para centrarnos en lo importante.

Miguel: De acuerdo. Llamémosles “deuterocanónicosˮ por esta ocasión para utilizar una terminología en común.

José: Gracias. Ahora bien, lo que sucede es que inclusive entre los judíos había un doble canon: el que se suele llamar el canon palestino, que seguían los judíos palestinenses y que solamente contaba con los libros protocanónicos[2], y el canon alejandrino, que seguían aquellos judíos que habían sido deportados y vivían en el extranjero[3]. Ellos utilizaban una traducción en la Biblia, que fue mandada a hacer por el emperador Tolomeo para la biblioteca de Alejandría, conocida como la Septuaginta[4]. Esta traducción de la Biblia llamada así porque fue hecha por aproximadamente 70 eruditos judíos, si contaba con todos los deuterocanónicos. Esta por cierto, era la Biblia que utilizaron Jesús y sus discípulos.

Miguel: ¿Cómo lo sabes?

José: Porque de unas 350 citas del Antiguo Testamento que aparecen en el Nuevo, unas 300 concuerdan con el texto de los Setenta[5]. Es un hecho aceptado fue el texto utilizado por no solo por las comunidades judías de todo el mundo antiguo más allá de Judea, sino por la iglesia cristiana primitiva, de habla y cultura griega[6].

Miguel: Está bien, pero que los judíos y los cristianos hicieran uso de esa versión no quiere decir necesariamente que aceptaran la canonicidad de todos esos libros. Observa por ejemplo, que los judíos actualmente no los aceptan, e incluso en la antigüedad tenemos dos testimonios importantes de parte del judaísmo: 1) Flavio Josefo[7], el gran historiador judío, testifica que los libros que llamas deuterocanónicos no se hallaban en el canon judío, y Filón, el gran filósofo judío de Alejandría y la comunidad judía alejandrina de habla griega, que solía usar la versión de los Setenta, no los llegó a citar nunca.

José: No te niego que los judíos finalmente terminaron por rechazar los libros deuterocanónicos, y ya llegaremos a analizar las causas de eso. Respecto a Josefo no hay que perder de vista el hecho de que él escribe en un momento histórico donde este rechazo comenzaba a verse más marcado y que se hizo definitivo en el sínodo de Jamnia, a finales del siglo I, comienzos del II. Ahora bien, en cuanto a Filón de Alejandría, si bien es cierto que no cita los deuterocanónicos, también es cierto que tampoco cita algunos protocanónicos que si están en las Biblias protestantes. En las obras que han sobrevivido de Filón no se encuentran citas tampoco de Ruth, Cantar de los cantares, Lamentaciones, Ezequiel y Daniel[8]. El que haya omitido citar de algún libro no demostraría que rechazara su canonicidad, simplemente que no consideró relevante comentar algo en sus textos.

Miguel: Pero si es un hecho que los judíos los terminaron rechazando, ¿no implica eso que deberían estar fuera del canon? Después de todo el propio apóstol Pablo reconoce que a los judíos “les fueron confiados los oráculos de Dios” (Romanos 3,2). Ellos en lo referente al Antiguo Testamento tenían la autoridad de decidir.

José: No creo que haya que sobredimensionar ese pasaje para hacerle decir algo que no dice. Los judíos, como el pueblo escogido por Dios, se les confió inicialmente la Revelación, pero luego fue confiada a la Iglesia, quien en última instancia podría discernir de manera autorizada y definitiva sobre el canon.

Miguel: Entiendo que la Iglesia Cristiana recibió la autoridad de parte de Dios luego de que los judíos no creyeran en el Mesías, pero en lo referente al Antiguo Testamento, que fue escrito antes de la era de la Iglesia, ellos si tenían la autoridad de decidir.

José: El problema es que estás dividiendo los libros de la Escritura en base a una división humana y organizativa. Antiguo Testamento y Nuevo Testamento son títulos que les damos para agrupar aquellos libros que fueron escritos antes y después de la venida de Cristo, pero todos y cada uno son parte de una misma Revelación progresiva. Respecto al discernimiento definitivo de que libros formarían parte del canon correspondía a la Iglesia por ser la portadora de las llaves del Reino de los cielos (Mateo 16,19). ¿O es que en alguna parte de la Biblia se menciona esta subdivisión y se dice cuando se terminaría de definir el canon?[9]

No podemos colocar la palabra del judaísmo, que en su mayoría terminó por rechazar al Mesías, sobre la del cristianismo en esto. Sobre todo porque se sabe que las principales razones por las cuales ellos terminaron de rechazar esos libros, es porque los apologistas cristianos los utilizaban para demostrarles que Jesús era el Mesías.

Miguel: ¿Que apologistas?

José: Está el testimonio de Justino Mártir, el más célebre apologeta del Siglo II, del cual se conserva un debate con un judío de la época, en el cuál le reclama a su oponente, Trifón, que los judíos habían rechazado la versión de los Setenta por esta causa[10]. La razón es bastante obvia porque hay unos textos tan claros respecto al Mesías en los deuterocanónicos que movían a muchos judíos a hacerse cristianos.

Miguel: ¿Recuerdas alguno de esos textos?

José: Mira el siguiente texto en el libro de la Sabiduría:
“TENDAMOS LAZOS AL JUSTO, que nos fastidia, se enfrenta a nuestro modo de obrar, nos echa en cara faltas contra la Ley y nos culpa de faltas contra nuestra educación. Se gloría de tener el conocimiento de Dios y SE LLAMA A SÍ MISMO HIJO DEL SEÑOR. Es un reproche de nuestros criterios, su sola presencia nos es insufrible, lleva una vida distinta de todas y sus caminos son extraños. Nos tiene por bastardos, se aparta de nuestros caminos como de impurezas; proclama dichosa la suerte final de los justos y SE UFANA DE TENER A DIOS POR PADRE. Veamos si sus palabras son verdaderas, examinemos lo que pasará en su tránsito. PUES SI EL JUSTO ES HIJO DE DIOS, ÉL LE ASISTIRÁ y le librará de las manos de sus enemigos. Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y probar su entereza. CONDENÉMOSLE A UNA MUERTE AFRENTOSA, PUES, SEGÚN ÉL, DIOS LE VISITARÁ” (Sabiduría 2,12-20)
La similitud con lo que le ocurriría a Jesús, el “justo” por excelencia es tan asombrosa que difícilmente puede ser tenida por coincidencia. Observa que allí se habla de un justo que se hace llamar a sí mismo “hijo de Dios”, que era precisamente una de las razones por las cuales los judíos querían matarle: “Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.” (Juan 5,18). Planean además someterlo al ultraje y a una muerte afrentosa y burlarse de él precisamente como se burlaron de Jesús en la cruz: “Ha puesto su confianza en Dios; que le salve ahora, si es que de verdad le quiere; ya que dijo: Soy Hijo de Dios” (Mateo 27,43; Marcos 15,32)

Miguel: Definitivamente el pasaje parece profetizar lo que le sucedería a Jesús.

José: Y lamentablemente no está en sus Biblias.

Miguel: Está bien, podemos estar de acuerdo en que el criterio de los judíos no puede ser colocado sobre el de la Iglesia Cristiana, pero también he podido averiguar que muchos padres de la Iglesia también rechazaron los libros que llamas deuterocanónicos, y cuando digo muchos, es que eran MUCHOS.

José: Como te decía al comienzo, los deuterocanónicos han estado sometidos en diversas ocasiones a dudas sobre su inspiración y canonicidad, cosa que también ha pasado en menor medida con los protocanónicos. Para ponerte un ejemplo: del Canon del Nuevo Testamento el catálogo más antiguo que ha sobrevivido es el Fragmento de Muratori, datado a finales del siglo II. Allí no son nombradas las epístolas a los Hebreos, Santiago y la 2 Pedro, pero hoy día todos, católicos y evangélicos las aceptamos como parte de la Biblia. Esto demuestra que incluso en una época así de tardía la cuestión del canon no estaba totalmente definida[11].

Si uno estudia la historia del Canon, verá que el acuerdo se fue produciendo paulatinamente, pero este ni siquiera era definido en base a opiniones particulares, sino a decisiones autorizadas en la Iglesia. Allí está el caso de dos ilustres padres de la Iglesia de la talla de San Jerónimo y San Agustín. El primero inicialmente rechazó los deuterocanónicos y el segundo en cambio los defendía. El rechazo inicial del primero cedió ante la solicitud del Papa que los incluyera en la Biblia que utilizó desde aquella época la Iglesia Católica: La Vúlgata latina.

Las primeras decisiones autorizadas del Canon se encuentran en dos documentos. Uno de ellos es el llamado Decretales de Gelasio, cuya parte esencial se atribuye hoy día a un Concilio convocado por el Papa Dámaso en el año 382 d.C. El otro es el canon del Papa Inocencio I, enviado en 405 d.C. a un obispo gálico como respuesta a una solicitud de información. Ambos documentos contienen a todos los deuterocanónicos, sin distinción alguna, y son idénticos al catálogo del Concilio de Trento.

Por eso, más que basarnos en opiniones particulares, que eran perfectamente respetables y comprensibles cuando el tema no estaba zanjado, en la Iglesia nos hemos acogido a decisiones autorizadas. Y no es casualidad que en absolutamente TODOS los Concilios que se han realizado en la Iglesia para definir el Canon (ya sea locales o ecuménicos) siempre se incluyó los deuterocanónicos, tal como sucedió en el Concilio de Hipona (año 393 d.C.) y los tres de Cartago (años 393,397 y 419 d.C.) hasta que fue definido formalmente de manera definitiva en el Concilio de Trento (año 1546 d.C.)

Y no podemos rechazar libros que estuvieron en la Biblia que tuvo la Iglesia durante 16 siglos[12]solo porque en pleno siglo XVI a Martín Lutero se le ocurrió rechazarlos. En su caso, al igual que los judíos, porque le incomodaba lo que decían estos libros, al contradecir su doctrina de la Salvación por la Sola Fe, las oraciones por los difuntos, el purgatorio, etc.

De hecho, aunque muchas personas no lo saben, Lutero intentó sin éxito excluir del Canon del Nuevo Testamento también cuatro libros: Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis[13].

Miguel: No lo sabía, pero no veo por qué razón habría de hacerlo.

José: Si tuviera que suponer, diría que porque en Hebreos se menciona la posibilidad de perder la salvación (Hebreos 2,3; 5,9), en Santiago se dice que el hombre se justifica por las obras y no por la fe solamente (Santiago 2,24), en Judas se dice que los que crean divisiones en la Iglesia son impíos que carecen del Espíritu Santo (Judas 1,18-19), y en Apocalipsis porque dice que todos serán juzgados de acuerdo a sus obras (Apocalipsis 20,13), todas enseñanzas incompatibles con su doctrina.

Miguel: Muy interesante la conversación, pero quedaron algunos puntos en el tintero que quisiera que conversáramos en una próxima ocasión.

José: Con mucho gusto.
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NOTAS

[1] Los libros “deuterocanónicos” fueron excluidos de las Biblias protestantes y son: Tobías, Judit, Ester, I Macabeos, II Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico, (también llamado “Sirac”) y Baruc.
[2] Aunque se discute si incluso los judíos de palestina habían excluido definitivamente los deuterocanónicos.
[3] La Diáspora es un término utilizado para referirse a las poblaciones judías expulsadas de su tierra y dispersas a raíz de diversas guerras. El primer exilio ocurrió en el año 586 a. C., cuando el rey de los babilonios, Nabucodonosor II, conquistó el Reino de Judá, destruyendo el primer templo y trasladando a los líderes judíos a Babilonia. Setenta años más tarde, el rey persa Ciro II el Grande permitió a los judíos retornar a la Tierra de Israel tras haber conquistado a los babilonios, sin embargo no todos retornaron. El segundo exilio se produjo en el año 70 d. C. cuando el general romano Tito, futuro emperador, derrotó una revuelta judía y destruyó el segundo templo.
Un mayor número de judíos fue expulsado después de que fuera aplastada la rebelión de Bar Kojba en el año 135 d. C. Desde entonces los judíos se dispersaron por todo el Imperio romano y posteriormente por el mundo, encontrándose en casi todos los países.
[4] La traducción de la Septuaginta o versión de los Setenta se inició a finales del siglo III (año 280 a.C.) y culminó a finales del siglo II.
[5] Cf. R. Cornely, Introductio generalis: CSS (París 1894) n.31;
H. H. Swete-R. R. Ottley, An Introduction to the Old Testament in Greek (Cambridge 1914) 381-405.
[6] Norman Davidson; Early Christian Doctrines, Continuum; Londres, Inglaterra, 1958, p. 53
[7] Flavio Josefo fue un importante historiador judío fariseo nacido aproximadamente en el año 37 d.C. y fallecido en el 101 d.C. Hecho prisionero y trasladado a Roma, llegó a ser favorito de la familia imperial Flavia. En Roma escribió, en griego, sus obras más conocidas: La guerra de los judíos, Antigüedades judías y Contra Apión gracias a las cuales se cuenta hoy con importante información histórica de la época. Fue considerado como un traidor a la causa judía.
[8] Herbert Edward Ryle, D.D., Philo and the Holy Scripture, Londres: Macmillan and Co. 1895
[9] Jesús y los apóstoles normalmente se refieren al Antiguo Testamento como “La ley y los profetas”, pero nunca indican que libros eran canónicos ni que había sido definitivamente definido en algún momento antes de la venida de Jesús.
[10] En su Diálogo con Trifón en el n° 71 escribe: “A quien no presto fe alguna es a vuestros maestros, que no admiten esté bien hecha la traducción de vuestros setenta ancianos que estuvieron con Ptolomeo…,y quiero además que sepáis que ellos han suprimido totalmente muchos pasajes de la versión de los Setenta ancianos que estuvieron con el rey Ptolomeo, por los que se demuestra que este mismo Jesús crucificado fue en términos expresos predicado como Dios y hombre…Como sé que los de vuestra raza los rechazan, no me detengo a discutirlos, sino que paso a las pruebas tomadas de los que todavía admitís” (Daniel Ruiz Bueno, Padres Apologetas Griegos, BAC, Madrid MCMXCVI, p. 431). También escribe en el n° 120: “No voy a discutir con vosotros sobre una frasecilla, al modo que tampoco he tenido empeño en fundar mi demostración de Jesucristo sobre Escrituras no reconocidas de vosotros, como los pasajes, que os cité, del profeta Jeremías, Esdras y de David, sino sobre las que hasta ahora reconocéis” (Ibid., p. 512)
[11] A pesar de que todos los libros de la Biblia fueron escritos antes de finalizar el siglo I, el discernimiento y definición del canon, fue lo que llevó tiempo.
[12] Las Biblias que utilizó la Iglesia Cristiana durante los primeros 16 siglos fueron la Septuaginta y al Vulgata Latina.

[13] Para Lutero, el Nuevo Testamento estaba constituido principalmente por el Evangelio de San Juan y por las cartas de San Pablo y San Pedro, en cambio, los tres evangelios sinópticos no le merecían mucho aprecio. En el prólogo de una de sus ediciones del Nuevo Testamento escribe: “Hay que distinguir entre libros y libros. Los mejores son el evangelio de S. Juan y las epístolas de S. Pablo, especialmente la de los Romanos, los Gálatas y los Efesios, y la 1ª epístola de S. Pedro, estos son los libros que te manifiestan a Cristo y te enseñan todo lo que necesitas para la salvación; aunque no conozcas ningún otro libro. La epístola de Santiago, delante de éstas, no es más que paja, pues no presenta ningún carácter evangélico”( Prólogo del Nuevo Testamento de 1546, Bibel VI, 10). Por otra parte, niega que la epístola de los Hebreos pertenezca a San Pablo; y de la epístola de San Judas, dice que es un extracto de la de San Pedro, y que, por lo tanto, es innecesaria. Respecto al Apocalipsis, expresará su rechazo, pues le disgusta que Cristo actúe como un severo Juez: “Yo no encuentro en este libro nada que sea apostólico ni profético” (Bibel VII, 404). En cuanto a los libros del Antiguo Testamento utilizó el mismo procedimiento de aceptarlos o rechazarlos, según coincidieran o no, con sus propias interpretaciones teológicas.


lunes, 26 de agosto de 2013

Conversando con mis amigos evangelicos sobre la oracion por los difuntos

Por José Miguel Arráiz
El Mérito
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre la necesidad de orar por el descanso eterno de los difuntos relacionado con la plática anterior sobre el purgatorio. Como de costumbre los argumentos los he recogido de algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos. Los nombres de quien participan no son reales.

Miguel: En nuestra conversación pasada hablabas del purgatorio. Y puedo entender en base a que textos bíblicos se basan para creer en ello, pero todavía no entiendo por qué hay que orar por los difuntos. Pues si se condenaron sabemos que no hay nada más que hacer pues su situación es irrevocable, y si se salvaron y solo les resta purificarse, no habría tampoco necesidad de hacerlo.

José: Si, pero como también te decía anteriormente, aquellos que murieron en gracia de Dios pero imperfectamente purificados, al purificarse sufren. Recuerda que ellos también son parte de la Iglesia, que “es el cuerpo de Cristo” (Romanos 12,5; 1 Corintios 12,27; Efesios 4,12), y “Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él” (1 Corintios 12,26). Es pues, una obra de caridad, orar por ellos, para que ese sufrimiento pase pronto y puedan gozar más prontamente de la visión y presencia de Dios.

Miguel: ¿Pero cómo sabes que el orar por ellos puede beneficiarles o aminorar su sufrimiento?

José: Hay un texto en las Biblias Católicas, que no tienen ustedes en sus Biblias protestantes (luego podemos hablar de eso), en donde se ve que orar por los difuntos es algo bueno y agradable a Dios.

Miguel: ¿Qué texto?

José: Se encuentra en el libro de los Macabeos, y narra el siguiente acontecimiento:
Judas, después de reorganizar el ejército, se dirigió hacia la ciudad de Odolam. Al llegar el día séptimo, se purificaron según la costumbre y celebraron allí el sábado. Al día siguiente, fueron en busca de Judas (cuando se hacía ya necesario), para recoger los cadáveres de los que habían caído y depositarlos con sus parientes en los sepulcros de sus padres. Entonces encontraron bajo las túnicas de cada uno de los muertos objetos consagrados a los ídolos de Yamnia, que la Ley prohíbe a los judíos. Fue entonces evidente para todos por qué motivo habían sucumbido aquellos hombres. Bendijeron, pues, todos las obras del Señor, juez justo, que manifiesta las cosas ocultas, y pasaron a la súplica, rogando que quedara completamente borrado el pecado cometido. El valeroso Judas recomendó a la multitud que se mantuvieran limpios de pecado, a la vista de lo sucedido por el pecado de los que habían sucumbido. Después de haber reunido entre sus hombres cerca de 2.000 dracmas, las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, obrando muy hermosa y noblemente, pensando en la resurrección. Pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, habría sido superfluo y necio rogar por los muertos; mas si consideraba que una magnífica recompensa está reservada a los que duermen piadosamente, era un pensamiento santo y piadoso. Por eso mandó hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado.” 2 Macabeos 12,38
Observa como Judas se da cuenta que unos compatriotas murieron y entre sus pertenencias tenían ídolos, y atribuye esta la causa de que hubiesen perecido en batalla. Ya en ese entonces estaba revelado que los muertos resucitarían, por lo que el líder macabeo manda a ofrecer sacrificios por el perdón de sus pecados, y el texto lo describe como “un pensamiento santo y piadoso”.

Miguel: Pero espera un momento. Si en verdad ellos murieron cometiendo pecado de idolatría, ¿no es eso lo que ustedes llaman un pecado mortal? ¿no decías que el que muere en pecado mortal se condena? ¿qué sentido tendría orar por alguien que ya se ha condenado?

José: Lo que sucede es que Judas no está al tanto de saber si realmente murieron en pecado mortal. No sabemos si antes de morir, algunos, o inclusive todos, se arrepintieron de corazón y al hacer un acto de contrición perfecta Dios les perdonó. De allí que Judas prefiere piadosamente como un acto de caridad hacer sacrificios por el perdón de sus pecados.
Incluso en los casos donde todo puede apuntar a que alguien ha muerto en pecado grave no hay que darlo por sentado, porque la última palabra siempre la tiene Dios. Solo Él conoce, la intención, las circunstancias cada quien, y sólo él sabe que pasó durante los últimos instantes de su vida. Hasta en el caso de los suicidas, donde no parece haber habido tiempo para arrepentirse, no podemos estar seguros de su condenación.
Por otro lado, no hay que olvidar que Dios es omnisciente y lo sabe todo, incluso antes de que ocurra. Es muy posible que Él, viendo la oración de sus hijos desde la eternidad, pudo en virtud de ellas, haber derramado gracias que les movieran a la conversión antes de morir.

Miguel: Pero nunca podrás saber si alguien ha salido del purgatorio, por lo cual, nunca sabrás si ha llegado el momento en que incluso esas oraciones sean inútiles.

José: Aunque no lo sabemos, sigue siendo una obra de caridad y un acto piadoso orar por ellos, porque es mejor orar por alguien sin que lo necesite, que el que lo necesite y que no se ore por él.

Por supuesto, en el texto de Macabeos no encontramos un fundamento explícito para la doctrina del purgatorio, pero si nos revela que las oraciones por el eterno descanso de los difuntos, no solo son agradables a Dios, sino que pueden ayudarles, y como tú has dicho: si ya están en el cielo no necesitarían ayuda, y si se condenaron no habría como ayudarles. Allí tienes, otro texto bíblico que alude de manera implícita la doctrina del purgatorio.

FUENTE: http://www.apologeticacatolica.org/Masalla/Masalla34.html

La fortaleza supone vulnerabilidad

"la fortaleza supone vulnerabilidad; sin vulneribilidad no se daría ni la posibilidad misma de la fortaleza. 
En la medida en que no es vulnerable, está vedado al ángel participar de esta virtud. 
Ser fuerte o valiente no significa sino esto: poder recibir una herida. 
Si el hombre puede ser fuerte, es porque es esencialmente vulnerable." 
(Josef Pieper)

viernes, 23 de agosto de 2013

No me es licito

"Denis: qui iudicat, Dominus est. 
No te es lícito enjuiciar la conducta de tus semejantes."
(Don. Javier Muñoz-Pellín)

Un dialogo entre amigos catolicos y evangelicos sobre el tema de los santos

Recopilado por José Miguel Arráiz
Diálogo
Recientemente tuve la oportunidad de conversar con unos buenos amigos sobre este tema, y me pareció útil conservarlo aunque sea retocado y parafraseado, porque puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué. Los nombres, como de costumbre los he cambiado, ya que lo relevante aquí son las ideas y opiniones.

Marlene: Yo no entiendo por qué los católicos tienen que rezar a los santos, ¿acaso no es eso idolatría?

José: Ok, permíteme que te explique exactamente que creemos.

Miguel: Adelante, explícate.

José: Lo que sucede es que los católicos creemos que “el que cree en Cristo tiene vida eterna“, tal como dice la Biblia (Juan 3,36)

Miguel: Bueno, es que eso creemos todos.

José: Si, pero si realmente aceptamos eso como un hecho, también aceptaremos las implicaciones lógicas que esto tiene, y una de ellas es que una vez que estamos unidos a Cristo, esta vida eterna no cesa ni se interrumpe con la muerte sino que llega a su plenitud. Precisamente por eso le llamamos vida eterna y no vida interrumpida o algo por el estilo, pues es una vida que no cesa durante toda la eternidad. Nosotros por eso creemos que quienes mueren en gracia de Dios pasan a gozar de su presencia, y desde allí siguen formando parte de la comunidad de amor que llamamos Iglesia, porque la Iglesia es…

Miguel: El cuerpo de Cristo.

José: Exacto. Una vez que pasas a formar parte del cuerpo de Cristo, no eres desmembrado al morir, sigues en su comunión de una manera incluso más intensa. Es en esa comunidad de amor donde ellos no pierden la capacidad de hacer peticiones a Dios. Si antes en vida podían interceder con sus oraciones por nosotros, ahora lo hacen con mayor fervor porque están en la plenitud del amor de Dios. Ellos no dejan de amar, ni dejan de preocuparse por nosotros. He allí la clave para entender el dogma de la comunión de los santos: como miembros del cuerpo de Cristo, que están unidos entre sí, siguen unidos incluso en el más allá.
Esta es la razón por la que los católicos decimos que la Iglesia está dividida en la Iglesia militante (aquellos que peregrinan por esta vida), la Iglesia triunfante (aquellos que ya triunfaron en el camino de la fe) y la Iglesia purgante (aquellos que se purifican antes de gozar de la visión de Dios, en lo que llamamos purgatorio, tema que quizá podamos platicar en otra ocasión).

Miguel: Oye, pero yo tengo entendido que cuando una persona muere “duerme en el Señor”. En la Biblia se ve por ejemplo, que cuando Lázaro muere está dormido: “Dijo esto y añadió: «Nuestro amigo Lázaro duerme; pero voy a despertarle.»” (Juan 11,11). Lo mismo con Esteban al morir se durmió: “Después dobló las rodillas y dijo con fuerte voz: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado.» Y diciendo esto, se durmió.” (Hechos 7,60)

Marlene: Efectivamente, los que mueren duermen en el Señor.

José: Ok, déjame explicarte algo. Cuando la Biblia utiliza la palabra “dormir” para referirse a los difuntos se refiere a sus cuerpos, no a sus almas. En el mismo caso que mencionas de Esteban se ve como antes de “dormir” ve que el cielo se abre para recibirle: “Pero él, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús que estaba en pie a la diestra de Dios; y dijo: «Estoy viendo los cielos abiertos y al Hijo del hombre que está en pie a la diestra de Dios.»”(Hechos 7,55)

Quienes creen que aquellos que mueren están inconscientes o incluso que no existen fuera del cuerpo son algunas sectas como los testigos de Jehová y adventistas que no creen en la inmortalidad del alma. Realmente ni los católicos ni los evangélicos creemos eso (los reformadores por ejemplo no pensaban así) sobre todo porque hay muchos textos bíblicos en donde esto se ve claro.

Miguel: ¿Como por ejemplo?

José: San Pablo confiesa que quiere morir para estar con Cristo: “Pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia… por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros”(Filipenses 1,21-24)

Miguel: Por supuesto, pero eso quiere decir que quiere morir para dormir en el Señor.

José: No tendría sentido que Pablo quisiera morir para quedarse dormido, por el contrario, el dice que incluso fuera del cuerpo puede afanarse por agradar al Señor, y alguien dormido no se afana:“Estamos, pues, llenos de buen ánimo y preferimos salir de este cuerpo para vivir con el Señor. Por eso, bien en nuestro cuerpo, bien fuera de él, nos afanamos por agradarle” (2 Corintios 5,9). Observa cuan convencido está que al salir del cuerpo estará con Cristo gozando de la visión de Dios: “Así pues, siempre llenos de buen ánimo, sabiendo que, mientras habitamos en el cuerpo, vivimos lejos del Señor, pues caminamos en la fe y no en la visión… “ (2 Corintios 5,6)
Hay muchos ejemplos más en la Biblia donde se ve que aquellos que han muerto no están inconscientes, recuerda el caso del profeta Samuel cuando se apareció luego de haber muerto a Saúl y le dijo todo lo que iba a suceder (1 Samuel 28,6-20). Un adventista te diría que no era realmente él sino un demonio, pero si te fijas bien en el texto, allí no dice eso sino que era el propio Samuel. Por otro lado todo lo que dijo fue cierto al punto que finalmente se cumplió. No parece ser la forma de actuar del Demonio que es el padre de la mentira.

También tenemos el caso del buen ladrón, al que Cristo le dice que ese mismo día estaría con él en el paraíso: “Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.» “ (Lucas 23,43) . Sabemos por palabras de Cristo que la resurrección ocurrirá el último día (Juan 6,44.54; 11,24), sin embargo ya él desde ese día estaría con Cristo, no dormido, no inconsciente.

Miguel: Pero entonces ¿por qué la Biblia dice que cuando venga Cristo, los que vivamos nos uniremos a los que ya durmieron en el Señor y será allí que estaremos con Cristo para siempre?. Recuerda que dice: “El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el Señor.” (1 Tesalonicenses 4,16-17)

Carlos: Cierto, eso tampoco yo lo entiendo, si ya los que mueren están en el cielo en presencia de Dios, ¿para qué van a resucitar el último día?

José: Porque la obra redentora de Cristo tiene que restaurar todo aquello que el pecado ha afectado. Una de las consecuencias del pecado fue que los hombres padeciéramos la muerte física, en donde se separa el alma del cuerpo. Pero Dios no nos creó originalmente así, y Dios tiene que restaurarnos completamente y eso ocurrirá en el último día. En ese entonces ya estaremos en el cielo pero con un cuerpo similar al de Cristo.

Miguel: Con nuestros cuerpos glorificados.

José: Efectivamente, pues eso es lo que explica San Pablo cuando habla de la resurrección: “Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción; se siembra vileza, resucita gloria; se siembra debilidad, resucita fortaleza; se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual.” (1 Corintios 15,42).

Y precisamente por todo eso, si se acepta que quienes murieron y se salvaron están con Cristo, no habría por qué dudar que pueden hacerle peticiones.

Marlene: No sé, yo no lo entiendo de esa manera, yo acepto que si pueden estar con Cristo, pero tranquilos, y en santa paz, sin saber nada de lo que ocurre en la tierra ni estar preocupados por ello.

José: En la misma Biblia puedes ver que aquellos que están en presencia de Dios pueden hacerle peticiones. En al Apocalipsis por ejemplo, se ve a los mártires clamando a Dios: “Cuando abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los degollados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantuvieron. Se pusieron a gritar con fuerte voz: «¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia y sin tomar venganza por nuestra sangre de los habitantes de la tierra?» Entonces se le dio a cada uno un vestido blanco y se les dijo que esperasen todavía un poco, hasta que se completara el número de sus consiervos y hermanos que iban a ser muertos como ellos.” (Apocalipsis 6,9-11). Observa en primer lugar que pueden pedir y sus oraciones son escuchadas, y en segundo, como ellos estaban enterados de lo que había ocurrido en la tierra, ya que de lo contrario no sabrían si ya se les había hecho justicia.

Miguel: Pero ¿Cómo podrían enterarse de lo que ocurre si solo Dios lo ve y lo sabe todo? ¿Cómo podría por ejemplo, la Virgen María, atender simultáneamente las millones de peticiones que recibe en un mismo instante de parte de millones de personas?

José: Lo que pasa es que estamos acostumbrados a ver las cosas al modo humano y pensamos que en el más allá el tiempo y los sucesos transcurren tal como ocurren aquí, pero eso no es así. Nosotros aunque no podemos entender como es el más allá, si podemos saber gracias a la Biblia que aquellos que están en presencia de Dios se enteran de lo que acontece.

Miguel: ¿En donde dice eso en la Biblia?

José: Jesús por ejemplo nos dice que los ángeles en el cielo se alegran cada vez que un pecador se convierte: “Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»” (Lucas 15,10). Imagina que en distintas partes del mundo se conviertan muchos pecadores al mismo tiempo, ¿dejarían por eso los ángeles de enterarse solo por no ser omniscientes?

Miguel: No, pero ellos se enteran a través de Dios.

José: Exacto, y es precisamente esa la misma forma por la que también se enteran los salvos que están en presencia de Dios de lo que aquí ocurre, recuerda que Jesús también dice que en el cielo seremos como ángeles (Mateo 22,30).

Si vamos a la carta a los hebreos encontramos otro ejemplo. En el capítulo 11 el autor menciona a todos los santos y profetas fallecidos en la antigüedad, y luego en el capítulo 12 versículo 1 se refiere a ellos como una nube de testigos de tenemos a nuestro alrededor: “por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone” (Hebreos 12,1). Por si eso fuera poco más adelante les menciona como la asamblea de los primogénitos inscritos en el cielo junto con los ángeles: “Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión, a la ciudad de Dios vivo, la Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles, reunión solemne, y asamblea de los primogénitos inscritos en los cielos, y a Dios, juez universal, y a los espíritus de los justos llegados ya a su consumación” (Hebreos 12,22-23)

Por tanto, si unimos las piezas podemos veremos que la enseñanza de la Iglesia tiene mucho sentido, pues por la misma Biblia sabemos: 1) quienes están salvados están en presencia de Dios, 2) pueden hacer peticiones, 3) a través de Dios se enteran de lo que ocurre, 4) No dejan de amarnos, ni son indiferentes a nuestros sufrimientos, necesidades 5) desean nuestro bien. Tomando en cuenta todo esto no es ilógico pensar que pueden orar por nosotros.

Marlene: Pero igual yo no creo que sea necesario pedirles que oren por mí, porque yo puedo acudir directamente a Jesucristo.

Miguel: Es cierto, en la Biblia dice “Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí.” (Juan 14,6)

Marlene: También dice que hay “hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús” (1 Timoteo 2,5).

José: Ok, te explico. Lo primero que tenemos que distinguir es entre los distintos tipos de mediación. Una es aquella que solo Cristo puede hacer, ya que él como Dios y Hombre verdadero era el único que podía morir por nosotros y redimir el género humano. Otra sin embargo es la intercesión, en la que los cristianos unidos a Cristo oramos e intercedemos unos por otros.
Ustedes por ejemplo, aceptan que se pueden orar unos por otros, ¿no?

Miguel: Claro.

José: Pero incluso estando vivos no por eso usurpan el papel de Cristo como único mediador ¿cierto?

Miguel: No, claro que no.

José: De la misma manera aquellos que están en el cielo no lo hacen, porque sus oraciones y las nuestras siempre van en nombre de Cristo, tal como decimos en la Santa Misa: “POR CRISTO, CON EL y EN EL, a ti Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos, AMEN”.

Marlene: Pero tengo que volver sobre lo mismo: yo pienso que no necesito pedir a ningún santo que interceda por mi porque yo puedo acudir a Cristo directamente.

José: Razonando de esa manera también yo podría decir que no necesito que nadie vivo ore por mí, ya que yo también puedo pedir por mí mismo. Es evidente que si, que cada quien puede hacer peticiones para sí, pero recuerda que Dios nos ha querido hacer partícipes de su obra salvadora y por eso le complace que también oremos unos por otros. No hay por qué ver como excluyentes la oración personal con la oración comunitaria, pues no se trata de sustituir la propia oración por la intercesión de los santos, sino de añadir a la propia oración la de ellos, todos unidos como una comunidad de amor.
Si volvemos sobre las palabras de San Pablo cuando dijo que Cristo es el único mediador, vemos que antes también dijo: “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombre…Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador”, lo que demuestra que el propio apóstol no ve la intercesión de unos por otros como un conflicto con la única mediación de Cristo.

Miguel: Aun así yo sigo sin encontrar en la Biblia un solo texto donde alguien vivo se comunique con alguien muerto y este le haya escuchado.

José: No, claro que lo hay.

Marlene: ¿Dónde?

José: En el libro de los hechos de los apóstoles se narra que una cristiana de nombre Tabitá murió, y Pedro luego de orar se dirige a ella y le manda a resucitar, ella no solo le escucha, sino que le obedece: “Pedro hizo salir a todos, se puso de rodillas y oró; después se volvió al cadáver y dijo: «Tabitá, levántate.» Ella abrió sus ojos y al ver a Pedro se incorporó.” (Hechos 9,40)

Miguel: Si, pero quien le resucitó fue Dios.

José: Por supuesto, pero él hecho es que Pedro (una persona viva) se dirigió a Tabitá (una persona muerta) y le escuchó, a través de Dios claro, en eso estamos de acuerdo, pero le escuchó.

Marlene: No sé, yo veo a mis amigos y familiares que son católicos puro rezar a los santos y olvidarse de Dios.

José: Si eso ocurre es porque es un exceso o una desviación de la fe que tiene que ser corregida, pero las desviaciones no se corrigen negando una verdad, sino enseñándola correctamente. No se trata pues, de abandonar la oración a Dios para sustituirla por la de los santos, sino de acompañarla con la de ellos. No es ya una sola voz clamando a Dios, sino miles, millones, todos en comunión intercediendo unos por otros porque nos amamos.

Marlene: Ok, pero pasas por alto que Dios no comparte su gloria con nadie. La Biblia dice “Yo, Jehová, ese es mi nombre, mi gloria a otro no cedo, ni mi prez a los ídolos.” (Isaías 42,8)

José: La gloria que corresponde a Dios como Dios no la comparte con nadie, pero Dios también glorifica sus criaturas porque al glorificarlas glorifica la obra de sus manos. San Pablo por ejemplo nos dice que si somos hijos “también herederos: herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados” (Romanos 8,17). Jesús mismo dice de sus discípulos “Yo les he dado la gloria que tú me diste” (Juan 17,22). Como ves pues, no se trata de quitar gloria a Dios para dársela a los santos, se trata de dar gloria a Dios por lo que ha hecho en sus santos, y a eso llamamos veneración.

Marlene: Pero cuando un católico se pone de rodillas ante un santo, ¿eso es solo veneración?, porque San Pedro no permitió que otro cristiano (Cornelio) se arrodillara ante él: “Pedro le levantó diciéndole: «Levántate, que también yo soy un hombre.»” (Hechos 10, 26). Lo mismo hizo el ángel cuando el apóstol Juan se postró ante él: “Yo, Juan, fui el que vi y oí esto. Y cuando lo oí y vi, caí a los pies del Ángel que me había mostrado todo esto para adorarle. Pero él me dijo: «No, cuidado; yo soy un siervo como tú y tus hermanos los profetas y los que guardan las palabras de este libro. A Dios tienes que adorar.» “ (Apocalipsis 22,8-9).

José: Claro, pero si te fijas, el problema en ambas ocasiones fue que ambos se pusieron de rodillas con la intención de adorar, y eso si sería idolatría. Hay gestos y actos simbólicos cuyo significado está ligado a la intención con la que se realizan, el caso de la genuflexión es uno de ellos. Por eso se explica que en otras ocasiones en la misma Biblia se ve personas de rodillas unas a otras y en esos casos no estuvo mal. Un ejemplo lo tienes cuando el Rey Salomón le puso un trono a su madre a su lado y se puso de rodillas ante ella, y nadie pensó que la estaba adorando (1 Reyes 13,35-36). ¿Recuerdan ese caso?

Miguel: Yo sí.

José: Otro caso lo tenemos cuando Abdías se arrodilló ante el profeta Elías y este no le dice nada (1 Reyes 18,7). La comunidad de profetas se puso de rodillas ante Eliseo (2 Reyes 2,15) y Daniel se puso de rodillas ante el ángel Gabriel (2 Reyes 2,15). Así como estos hay muchos ejemplos en la Biblia, pero con estos basta para mostrar que lo que hacía malo el acto de Cornelio o de Juan era la intención de adorar.
Si te fijas bien, el texto bíblico lo dice, porque en el caso de Cornelio se dice cual fue su intención: ” Cuando Pedro entró, salió Cornelio a recibirlo y, postrándose a sus pies, lo adoró.” (Hechos 10,25). En el otro suceso el texto bíblico nuevamente aclara: “caí a los pies del Ángel … para adorarle “ (Apocalipsis 22,8)

No podría nadie saber si otra persona está de rodillas para adorar o venerar, a menos que ella misma lo diga, porque no puede ver el interior de su corazón. Hacerlo y pretender juzgar la intención del corazón del prójimo acusándole de idolatría es muy peligroso porque podemos estarlo juzgando mal. Los católicos a ese tipo de conductas las llamamos “juicio temerario".

Al llegar a este punto, nos tocó a cada uno el momento de partir, y luego de despedirnos amablemente seguimos nuestro camino.

separdor

ENLACE: http://www.apologeticacatolica.org/Santos/SantosN02.htm

jueves, 22 de agosto de 2013

Conversando con amigos evangelicos sobre el tema de la Salvacion

Por José Miguel Arráiz
El Mérito
Continuando con la serie de conversaciones entre amigos sobre temas de apologética, les comparto un diálogo ficticio sobre el tema de las salvación, un tema importante porque estuvo allí la principal causa de las divisiones entre católicos y protestantes en el siglo XVI. Me ha basado en algunas conversaciones con algunos amigos evangélicos, pero lo he reordenado para que el orden de los argumentos tenga más consistencia. Al igual que los diálogos anteriores, puede servir de ayuda y guía a la hora de explicar a nuestros hermanos cristianos de otras denominaciones exactamente que creemos y por qué, aunque se que en este y otros temas, los mejores argumentos no convencerán a todos. Los nombres de quien participan en la conversación, por supuesto, no son reales.

Julia: Yo nunca he entendido por qué los católicos niegan que la salvación sea una gracia[1] que recibimos por medio de la fe, ¿acaso no dice la Biblia que “Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2,8)

José: Has tocado un tema muy importante y con gusto te explico que creemos nosotros los católicos.

Marlene: Adelante, a mí también me interesa.

José: Ante todo han de saber, que los católicos si creemos que la salvación es una gracia de Dios que recibimos por medio de la fe.

Julia: Pero no creen que la salvación la recibimos solamente por la fe[2], sino que creen que hay también que hacer buenas obras para salvarse, cumplir los mandamientos, como si la salvación hubiese que comprarla. San Pablo es muy claro en que “si es por gracia, ya no lo es por las obras; de otro modo, la gracia no sería ya gracia” (Romanos 11,6)

José: Te explico con un ejemplo que entendemos nosotros por el hecho de que la salvación es una gracia de Dios.  Imagina un hombre que se encuentra en el fondo de un pozo muy hondo, no tiene dinero y no puede salir por sí mismo. Llega alguien y sabe que aquel hombre ni merece que le ayuden a salir del pozo, ni tiene con qué pagarle, pero aún viene y le tiende la mano. Si este hombre no la toma e intenta subir no sale. Probablemente tendrá que esforzarse en salir, a pesar de la ayuda de la mano que le impulsa tendrá que poner también de su parte, pero eso no significa que pagó por su salida. El habrá sido rescatado gratuitamente porque su esfuerzo al salir no paga el favor hecho por su benefactor.

Marlene: Si, es un ejemplo muy parecido al que yo utilizo para explicar que Dios nos ofrece gratuitamente la salvación y nosotros debemos aceptarla.

José: Ahora bien, ustedes estarán de acuerdo conmigo de que quien impulsa al hombre a aceptar la salvación y creer es Dios infundiendo en él su gracia.

Julia y Marlene: Claro.

José: Pues bien, la misma gracia de Dios que les impulsa a creer, es la que les impulsa a obrar, lo dice la Biblia: “pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece” (Filipenses 2,13)

Julia y Marlene: De acuerdo.

José: Observen ahora que la gracia comienza a actuar en el hombre mucho antes de creer. Incluso cuando se siente movido a escuchar una predicación, o cuando busca acercarse a Dios está ya la gracia trabajando y moviéndole a Él.

Julia: Sin duda.

José: Ahora, ¿creen ustedes que el hombre tenga potestad para resistir esa gracia? Que Dios le mueve a creer y luego a obrar veo que estamos de acuerdo, pero ¿puede el hombre resistirse?

Marlene: Yo creo que sí, porque hay gente que decide no creer aunque se les predique mucho.

Julia: En esto no estoy de acuerdo con Marlene, yo creo que la gracia de Dios puede ser parcialmente resistida pero nunca de manera definitiva, y por eso decimos que es irresistible, ya que Dios va y ablanda poco a poco el corazón de aquellos que él ha predestinado a salvarse por más duros que sean[3].

José: Pero Julia, si esto es así, ¿y los que no creen ni se salvan acaso no reciben nunca la gracia de Dios?

Julia: Es un tema complejo, pero creo que no, no reciben la gracia de Dios porque no están predestinados para salvarse. La elección divina es algo misterioso que la inteligencia humana no puede penetrar.
José: Pues fíjate que en esto los católicos estamos más bien de acuerdo con Marlene. Creemos que Dios derrama su gracia sobre todos porque “quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Timoteo 2,4).
Hay muchos textos bíblicos que enseñan que el hombre que se condena, no es porque Dios no le diera las gracias para que se salvara, sino porque las rechazó. Por eso los católicos creemos que la gracia si puede ser resistida incluso de manera definitiva[4]. Por eso San Pablo nos invita a cooperar con la gracia para no recibirla en vano: “Y como cooperadores suyos que somos, os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios” (2 Corintios 6,1).
Jesús en la parábola de la vid nos da un buen ejemplo (Juan 15,1-9), porque allí se representa Él como el tronco de un árbol y nosotros como las ramas. La gracia es representada por la savia del tronco que fluyendo hacia las ramas hace que produzcan fruto. ¿Quién produce el fruto? ¿La rama o la savia? ¿Dios, o el hombre?

Marlene, Julia: Dios, que como has dicho antes, “es quien obra en vosotros el querer y el obrar

José: Si, la obra es primeramente de Dios, pero no es Dios obrando solo, sino Dios obrando a través del hombre. Por eso San Pablo en el texto anterior nos llama “cooperadores” de su gracia.
Tu Marlene, aceptas que la gracia puede ser resistida, entonces cuando la gracia fructifica, el hombre se está dejando mover por ella. No es Dios que obra sin el consentimiento del hombre, es el hombre el que obra movido por Dios.

Marlene: De acuerdo.

José: Ahora vamos al siguiente punto. Luego de que el hombre ya ha creído y ha sido justificado por la fe, ¿todavía puede resistir la gracia?

Marlene: Yo creo que sí.

José: ¿Puede desviarse de la verdad e incluso pecar gravemente?

Marlene: Si.

José: ¿Si muere en ese estado sin arrepentirse verdaderamente se salva?

Marlene: No.

Julia: No Marlene, si se salva, porque ya aceptó a Jesús como salvador. El Padre no lo mirará a Él sino a Cristo en quien él ha puesto su confianza. Recuerda lo que dice la Biblia, “Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu casa” (Hechos 16,31), y también “el que cree, tiene vida eterna” (Juan 6,47). Precisamente por eso es que la salvación es gracia. No hiciste nada para recibirla, no puedes hacer nada para perderla.

José: Espera un momento que hay un error en tu razonamiento: El que la salvación se reciba gratuitamente no quiere decir que no puedas perderla. Yo puedo darte un regalo y eso no quiere decir que no puedas echarlo a la basura.

Julia: El texto dice claramente que al momento de creer ya se tiene vida eterna, y lo dice en presente, que quiere decir que ya desde ese momento somos salvos eternamente, y si somos salvos para siempre no podemos perder la salvación (Juan 3,36; 5,24; 6,47).

José: Entiende que mientras estamos en este mundo, la vida eterna está condicionada a permanecer en el estado de gracia. San Juan nos habla de alguien que ha creído pero luego ha comenzado a odiar a su hermano y ya no tiene “vida eterna permanente” en él (1 Juan 3,15). Jesús mismo advierte en numerosas ocasiones que para salvarse hay que “perseverar hasta el fin” (Mateo 10,22; 24,13; Marcos 13,13) , el autor de la epístola a los hebreos nos advierte a no “descuidar la salvación” (Hebreos 2,3) y San Pablo nos advierte de manera tajante que si no nos mantenemos en la bondad seremos “desgajados” (Romanos 11,22)

Marlene: No, yo si acepto que la salvación se puede perder si el hombre se aparta de la fe.

José: Ese es el punto. Si el hombre luego de creer, puede hacer o dejar de hacer ALGO que afecte su salvación, entonces esta NO DEPENDE SOLO DE HABER CREÍDO.

Marlene: Espera un momento, pero ¿si el hombre en verdad ha creído, no quiere decir entonces que no se apartará del camino de la fe?. Después de todo las obras son fruto de la fe verdadera y si tenía realmente una fe verdadera, él actuará conforme a esa fe.

José: Es cierto que las obras son fruto de la fe, pero incluso el hombre justificado sigue afectado por la concupiscencia y puede resistir la gracia. Puede por tanto haber creído y aun así luego apartarse y dejar de fructificar. Para ilustrar esto mencionaba la parábola de la vid, en donde ramas que estuvieron unidas árbol dejan de dar fruto y terminan por ser cortadas y echadas al fuego (Juan 15,6). San Pedro habla de aquellos que habiendo sido lavados volvieron a la inmundicia del pecado: “Pues más les hubiera valido no haber conocido el camino de la justicia que, una vez conocido, volverse atrás del santo precepto que le fue transmitido. Les ha sucedido lo de aquel proverbio tan cierto: «el perro vuelve a su vómito» y «la puerca lavada, a revolcarse en el cieno».” (2 Pedro 2,21-22). Por otro lado recuerda que aunque efectivamente las obras son producto de la gracia, es la gracia obrando a través de la voluntad libre del hombre.

Julia: Pero visto de ese modo se complica mucho algo tan simple y se da a entender que hay que esforzarse por la salvación, y no tiene sentido esforzarse por obtener algo que es una gracia, o en pocas palabras, que es gratis.

José: No tienes por qué ver ambas cosas como excluyentes, precisamente para que lo entendieras te puse el ejemplo del hombre en el fondo del pozo. Recuerda que San Pablo nos manda a “trabajar con temor y temblor por nuestra salvación” (Filipenses 2,12) y Jesús a “luchar por entrar por la puerta estrecha” (Lucas 13,24; Mateo 7,13). Todo eso implica esfuerzo personal. El dicho coloquial “A Dios rogando y con el mazo dando” lo ejemplifica bien.

Julia: Pero si es así, y tenemos que esforzarnos por la salvación, ¿para que murió Cristo por nosotros?

José: Cristo ha muerto para redimirnos. Sin su sacrificio que ha sido completamente gratuito no podríamos salvarnos. Pero eso no quiere decir que el creyente justificado no tenga que obrar conforme a la voluntad de Dios para salvarse, ni deje de ser necesario cumplirlos mandamientos. Recuerda que Cristo también dijo “«No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial.” (Mateo 7,21). Recuerda que el Señor “se convirtió en causa de salvación eterna para todos LOS QUE LE OBEDECEN” (Hebreos 5,9).
Cuando a Jesús le preguntan que hay que hacer para salvarse, él responde “si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos” (Mateo 19,16-17). No es que se “compre” la vida eterna al cumplir los mandamientos, pero si no se los cumple, no se salva. Es aquí que se encuentra el traje del hombre nuevo del que habla Jesús (Mateo 22,11-13), el cual si no nos lo ponemos somos arrojados del banquete del cielo.

Julia: Pero ¿Quién puede cumplir todos los mandamientos?

José: Solos nada podemos, pero la gracia nos capacita. Recuerda que las palabras de San Pablo “todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4,13). Dios siempre nos da la gracia para cumplir los mandamientos: “Porque estos mandamientos que yo te prescribo hoy no son superiores a tus fuerzas, ni están fuera de tu alcance. No están en el cielo, para que hayas de decir: «¿Quién subirá por nosotros al cielo a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Ni están al otro lado del mar, para que hayas de decir: «¿Quién irá por nosotros al otro lado del mar a buscarlos para que los oigamos y los pongamos en práctica?» Sino que la palabra está bien cerca de ti, está en tu boca y en tu corazón para que la pongas en práctica.” (Deuteronomio 30,11-14)

Marlene: Si, pero la Biblia también dice que incluso el justo peca siete veces al día (Proverbios 24,16), entonces nadie podría salvarse.

José: Lo que sucede es no todo pecado es un pecado mortal, pero eso es algo que podemos analizar en otra ocasión[5]. Nosotros mientras estamos en esta vida podremos tener caídas, pero lo importante es perseverar hasta el fin en el bien, y si caemos pedir perdón a Dios y levantarnos. Para eso nosotros tenemos el sacramento de la penitencia.

Marlene: En la forma en cómo lo explicas no está muy lejos de lo que yo particularmente creo.

José: Y lo que te explico es precisamente como lo enseña la Iglesia. A lo largo de la historia siempre han estado en pugna dos errores opuestos: el error de Pelagio que creía que la salvación era solo el producto del esfuerzo personal sin necesidad de la gracia[6], y el error de Lutero que le daba a la gracia un lugar tal que negaba el papel de la libertad humana[7]. La salvación es en primer lugar de Dios, quien nos salva gratuitamente, pero en segundo lugar y de manera subordinada, nuestra.
Entendido de esta manera se puede entender perfectamente por qué todos los textos bíblicos que hablan de como seremos juzgados, dicen que será por nuestras obras (Mateo 16,27; 2 Corintios 5,10; Apocalipsis 20,12; Mateo 25,31-46), y porqué el apóstol Santiago advierte “¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe?” (Santiago 2,14), pues “la fe, si no tiene obras, está realmente muerta” (Santiago 2,17) y finalmente: “el hombre es justificado por las obras y NO POR LA FE SOLAMENTE” (Santiago 2,24)
Como dice San Pablo, podemos TENER FE COMO PARA MOVER MONTAÑAS, pero sin caridad somos como metal que resuena o címbalo que retiñe (1 Corintios 13,1)
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NOTAS

[1] En teología cristiana se entiende por gracia divina o gracia santificante un favor o don gratuito concedido por Dios para ayudar al hombre a cumplir los mandamientos, salvarse o ser santo, como también se entiende el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí. También ha sido por gracia (gratuitamente) que Cristo ha muerto para redimir a todos los hombres.
[2] Los católicos creemos que la justificación inicial si es solamente por la fe. Tal como sostiene el Concilio de Trento: “Cuando dice el Apóstol que el hombre se justifica por la fe, y gratuitamente; se deben entender sus palabras en aquel sentido que adoptó, y ha expresado el perpetuo consentimiento de la Iglesia católica; es a saber, que en tanto se dice que somos justificados por la fe, en cuanto esta es principio de la salvación del hombre, fundamento y raíz de toda justificación, y sin la cual es imposible hacerse agradables a Dios, ni llegar a participar de la suerte de hijos suyos. En tanto también se dice que somos justificados gratuitamente, en cuanto ninguna de las cosas que preceden a la justificación, sea la fe, o sean las obras, merece la gracia de la justificación: porque si es gracia, ya no proviene de las obras: de otro modo, como dice el Apóstol, la gracia no sería gracia”.
[3] Julia representa en esta conversación a los evangélicos de tendencia calvinista o reformada, que creen que la gracia es irresistible y que Dios predestina sin tomar en cuenta ningún merecimiento personal sino en base a un decreto inescrutable, a unos para la salvación y a otros para la condenación. Marlene en cambio representa a los evangélicos de tendencia arminiana, que aceptan que la gracia no es irresistible. Para los católicos, es de fe que la gracia no es irresistible.
[4] Si no se pudiera resistir la gracia, el hombre justificado nunca más pecaría. Los calvinistas admiten que la gracia se puede resistir solo parcialmente pero niegan que se pueda rechazar definitivamente.
[5] Posteriormente se tratará la distinción entre pecado mortal y pecado venial.
[6] El Pelagianismo ha sido una herejía condenada siempre por la Iglesia.
[7] Martín Lutero comienza su obra De Servo Arbitrio diciendo “Das der freie wille nichts sey” (traducido sería “que el libre albedrío es una nada”). Más adelante niega el libre albedrío al que llama “pura mentira”. Esta obra puede ser leída gratuitamente en la Web de la Biblioteca Reformada (www.iglesiareformada.com)

separdor

FUENTE: http://www.apologeticacatolica.org/Salvacion/SalvacionN20.html

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