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Vivimos en paises laicos o laicistas


Benedicto-XVI-aplaudido-ONU2Hoy en día es común escuchar que vivimos en un país laico, que el Estado no debe identificarse con ninguna religión o profesión religiosa, proclamando que la Iglesia no debe tener injerencia en la vida de civil. Sin embargo, esta premisa aparentemente verdadera, necesita ser aclarar pues una cosa es la sana independencia entre la Iglesia y el Estado, y otra la separación radical de ambos estamentos, que en la práctica se convierte en oposición hacia todo lo que implica religiosidad, fe, espiritualidad,… Dios.
La Iglesia defiende la autonomía del Estado
Frente a esto, debemos distinguir lo que significa que nuestros estados sean laicos y lo que es que sean laicistas. Lo primero implica reconocer la autonomía  tanto de la Iglesia como del Estado, solo haciendo esto, cada una podrá responder a sus objetivos y fines propios y comunes. Sobre este punto, la Iglesia misma reconoce de la manera más clara y decidida esa autonomía. En este sentido afirmar la laicidad del Estado es afirmar su condición de laico, que expuesta en su sentido positivo no comporta objeción alguna, más aun le corresponde sin duda y ha de reconocerse su competencia respecto de las manifestaciones sociales de lo religioso no en cuanto religiosas sino en cuanto sociales, en atención al orden público y al bien común.
En cuanto a la presencia de lo religioso en la sociedad, el Estado, sin menoscabo de su laicidad, puede tener en cuenta las creencias religiosas presentes en la sociedad y mantener con las comunidades religiosas relaciones de cooperación,  en aras del bien de las personas que son a la vez ciudadanos y creyentes. Teniendo en cuenta, además, que las relaciones previstas en los textos constitucionales guardan relación con el modo de presencia de cada una de las creencias y comunidades religiosas.
Esta laicidad además le confiere al Estado la “competencia para y la obligación de: garantizar las condiciones necesarias para el ejercicio de la libertad religiosa. De esta manera podemos ver que no hay oposición entre laicidad del Estado y libertad religiosa, sino que la laicidad del Estado es exigencia, condición de posibilidad y garantía de la libertad religiosa” (Teófilo González Vila. Estado, laicidad y religión en libertad: http://www.analisisdigital.org/2012/03/27/estado-laicidad-y-religion-en-libertad/
Un Estado laico no puede mantenerse neutral frente a la libertad religiosa, sino que, pues en virtud de su misma laicidad,  debe tomar partido en favor de la libertad religiosa, para reconocerla, proclamarla, defenderla y crear las condiciones necesarias para que todos los ciudadanos puedan ejercerla con amplitud, de la misma forma como lo hace con realidades como la libertad de conciencia, de expresión, de reunión, de enseñanza, etc.
Total separación entre Iglesia y Estado
laicismo burla catolicosUn Estado laicista en cambio, es aquel que para proclamar su independencia busca la separación y alejamiento de la fe y todo lo que implique religiosidad, de manera particular de la fe cristiana. La sana laicidad se convierte en laicismo cuando se afirmar la autonomía de los valores “seculares” en contraste, cuando no contrapuestos, a los valores “cristianos”, a la Iglesia o a Dios. Esto llevará a querer olvidar los principios cristianos, y para hacerlo se buscará reducir la fe y toda manifestación religiosa al ámbito privado, intentando negar la dimensión religiosa de la persona e incluso su manifestación a nivel comunitario.
Este laicismo tiene en su base una ideología impregnada de un desdén por la verdad del ser y del espíritu, y sirve de pretexto para evitar dar cara a las realidades ontológicas y así ayuda a quedarse en un relativismo nominalista en el que se identifican realidad y lenguaje. Identificación arbitraria que nunca tendría asidero en lo real, pues han decretado que lo real no existe, que la verdad no existe, que todo es solo ilusión.
Ideologías como el positivismo, historicismo, laicismo, liberalismo, marxismo, modernismo y nihilismo, han adquirido un rostro del pragmatismo en el eclecticismo y el cientificismo, y llevan a que se quiera reemplazar toda festividad, símbolos o manifestaciones religiosas por otras civiles o “laicas”.
laicismo ataqueAsimismo, esta tendencia a excluir lo más posible la religión de la vida del Estado y la sociedad civil, ha llevado a no considerar los principios morales cristianos en la formación de leyes, peor aún  ver en cada pronunciamiento de la Iglesia sobre la necesidad de no legalizar comportamientos en contraste con la ley moral -en los terrenos de ética familiar, sexualidad, biogenética y solidaridad humana, etc.- como una “injerencia” de la misma en la vida del Estado y un “atentado” a la laicidad y la autonomía estatal.
El ámbito jurídico es un espacio a través del cual se intenta por quitar la fe de la vida pública y reducirla a lo privado muchas veces tiene un argumento subjetivo: ‘que no use el crucifijo porque me afecta’, se dice, y se intenta imponer a las personas que no manifiesten su fe en público. Pero recordemos que el derecho no es subjetivo, y es inaceptable a nivel teórico y jurídico este argumento, ya que si le afecta a alguien, es un tema subjetivo, incomprobable, que queda en su fuero interno, y al que el Derecho no le compete.
Una consecuencia de reducir la fe a lo privado, es el fundamentalismo anti-laicismo burlareligioso que se ve actualmente, donde comunidades cristianas sufren persecuciones, discriminaciones, actos de violencia e intolerancia, hostilidades y prejuicios solo porque intentan vivir coherentemente los valores y principios contenidos en el Evangelio. Los católicos somos ridiculizados de fundamentalistas, conservadores, tradicionalistas, desactualizados, se nos prohíbe enseñar y predicar nuestra fe, se nos quiere ofrecer un ambiente de términos medios, de acomodarnos, para no generar conflicto con nuestras posiciones “extremas”. Esta persecución abierta es también fundamentalismo encubierto, mediante los medios de comunicación social que facilitan la mentira contra la Iglesia, la calumnia contra los sacerdotes o el Papa; así como por la promulgación de leyes coercitivas y degradantes para el cristiano, que no permiten por ejemplo la objeción de conciencia.
Por lo tanto, la intolerancia religiosa, fruto del laicismo impide la paz, la convivencia y la colaboración de todos.

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