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Orar-rezar=Hablar con Dios como a un amigo

FUENTE:  http://wwwdelamanodeteresadejesus.blogspot.com/2009/12/acercandonos-dios.html

Un párroco norteamericano, cansado de las excusas que sus parroquianos le daban para no asistir a misa, publicó en la hoja parroquial unas razones para justificar “no bañarse”:

-No me baño porque me obligaron a hacerlo de niño.


-Tuve la costumbre de bañarme, pero hace tiempo la interrumpí.

-Ninguno de mis amigos se baña.

-Yo no puedo malgastar mi tiempo en bañarme.

-Volveré a bañarme de nuevo cuando esté más viejo o más sucio...

Algunos piensan lo mismo de la oración. Sin embargo, los discípulos al haber visto a Jesús orar sintieron deseos de querer hacer lo mismo que él, pero no sabían cómo. Uno de ellos le hizo esta súplica: “Señor, enséñanos a orar” (Lc 11,1).

Jesús no les dio muchas explicaciones. “Cuando oréis, decid: Padre (Abbá), santificado sea tu Nombre, venga tu Reino…” (Lc 11, 2). Santa Teresa comprendió muy bien esta enseñanza y dijo: “Espántame ver que en tan pocas palabras está toda la contemplación y perfección encerrada que parece no hemos menester otro libro sino estudiar en éste” (C 37,1).

Y todo lo que les enseñó de la oración se puede resumir en el padrenuestro. Simone Weil dice sobre el padrenuestro: “Esta oración posee todas las peticiones posibles. No se puede inventar ninguna oración que no esté incluida en ella. Es imposible que se la rece con toda atención y no se perciba en el alma un cambio, quizá infinitamente pequeño, pero real”.

La oración la hacen los orantes. Cada uno aporta un método y un arte de orar. Así oraba un párroco y Juanita Ayuso.

Un párroco recomendó a un feligrés esta manera de orar: “Cuando te acercas a Dios, hijo mío, piensa intensamente que está allí y dile: Señor, me pongo a vuestra disposición”. Y comenta:

Aquel día aprendí a orar. Y hace ya cuarenta años que hago oración cada día, poniéndome a disposición del Señor”. Caffarel, que nos da estos datos, añade: “Confesad que este relato vale por una conferencia sobre la oración. Por eso, dispensadme de escribiros hoy más largamente. Pero tratad de hacer realidad lo que significa: estar a disposición de Dios. Esto quiere decir mucho. Hay que comenzar por renunciar a disponer de sí mismo. Luego hay que desposeerse de sí mismo. Y, por fin, se abandona uno enteramente al Señor; se expone a su dirección, a su poder discrecional; el cuerpo, la mente, el corazón, la voluntad, la vida; para que de todo disponga él a su antojo”. La disponibilidad y la entrega, ordinariamente, se va conquistando progresivamente.

Juanita Ayuso, universitaria arrollada por un tranvía en Madrid, escribe en su diario: “Hay que orar con sencillez, hablando corrientemente con un amigo como es Jesús. Y si no sabes qué decirle, quédate mirándole. Y si estás cansada, siéntate y le dices: Señor, perdóname; estoy tan cansada…y ya está. Le dices: Jesús, me llamo así; ¿no me conoces? Vengo de tal sitio. Es tan fácil. Lo que nos pasa es que no creemos que Jesús está allí, igual que en Galilea, el mismo Jesús que curaba a los enfermos, que resucitaba a los muertos”.

Somos amigos de recetas, de consejos, de lo rápido y efectivo. El No.0. de la Revista Orar trae estas orientaciones para aprender a orar en 10 minutos.

1. Comienza por saber escuchar. El Cielo emite noche y día.

2. No ores para que Dios realice tus planes, sino para que tú interpretes los planes de Dios.

3. Pero no olvides que la fuerza de tu debilidad es la oración. Cristo dijo: “Pedid y recibiréis”.

4. El pedir tiene su técnica. Hazlo atento, humilde, confiado, insistente y unido a Cristo.

5. ¿No sabes qué decirle a Dios? Háblale de vuestros mutuos intereses. Muchas veces y a solas.

6. No conviertas tu oración en un monólogo, harías a Dios autor de tus propios pensamientos.

7. Cuando ores no seas ni engreído, ni demasiado humilde. Con Dios no valen trucos. Sé cual eres.

8. ¿Y las distracciones involuntarias? Descuida, Dios, y el sol, broncean con sólo ponerse delante.

9. No hables nunca de “ratos de oración”; ten “vida de oración”. Una de nuestras oraciones más frecuentes debiera ser la de los discípulos: “Señor, enséñanos a orar”. Porque la oración es un camino, un aprendizaje diario, un estarse a los pies del Maestro. Éste fue precisamente el consejo que dejó Teresa: “Pues juntaos cabe este buen Maestro muy determinadas a aprender lo que os enseña, y su Majestad hará que no dejéis de salir buenas discípulas”(C 26,10).

P. Eusebio Gomez Navarro

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