jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Cómo se reza cuando estás cansado y no tienes fuerzas ni para rezar?

Eso me pregunto yo…. ¿Cómo se reza cuando estás cansado y no tienes fuerzas ni para rezar? 
Antenoche terminé el día realmente cansado. Era aún temprano pero ya no tenía fuerzas para nada.  Fui a la capilla y le dije al Señor: Hoy lo único que tengo para ofrecerte es un cuerpo y una mente que no pueden más.
cansado

Mi oración consistió en ponerme tal cual en su presencia sin capacidad de más. Mi lenguaje corporal lo decía todo. Pensé en los enfermos que oran con todo el cuerpo: su dolor es su oración.
Después de un rato de estar con Él me brotaron espontáneas algunas partes del Salmo 139:
Señor, tú me escrutas y me conoces,
tú penetras mis pensamientos.
Todas mis sendas te son conocidas.
No está aún la palabra en mi lengua,
y tú, Señor, ya la conoces.
Me envuelves por detrás y por delante,
tus manos me protegen.
Sentí que Jesús me respondía: "No tienes que explicarme nada; yo te entiendo, créeme, te entiendo. Yo también sentí el cansancio y algo mucho más duro que el cansancio físico...." Se me vinieron a la memoria aquellas escenas tan humanas de Jesús agotado del camino junto al pozo de Jacob, luego exhausto en la barca sin que la tormenta fuera capaz de despertarle, y en el huerto, con todo su cuerpo y su moral rendidos por tierra.
Por la mañana, al llegar a la oficina fui a buscar qué dicen los maestros al respecto y encontré esta frase de Santa Teresita: "Debería entristecerme por dormirme (¡después de siete años!) en la oración y durante la acción de gracias. Pues bien, no me entristezco... Pienso que los niños agradan tanto a sus padres mientras duermen como cuando están despiertos; pienso que los médicos, para hacer las operaciones, duermen a los enfermos. En una palabra, pienso que "el Señor conoce nuestra masa, se acuerda de que no somos más que polvo".
Gracias, Jesús, por ser "tan humano", gracias por acogerme y aceptarme así cuando no tengo fuerzas ni para rezar, gracias por no hacerme violencia. Ayer experimenté en primera persona aquello que me dijiste: Ven a mí cuando estés cansado y yo seré tu descanso. (cfr Mt 11, 28)
No sé cómo rezar cuando estás cansado, pero doy gracias a Jesús por ser tan bueno conmigo.
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